lunes, 21 de enero de 2019

Sobre el conflicto y lo que ha ocurrido en los últimos días

Hace poco más de un año en Colombia, se hizo el plebíscito para aprobar o no el proceso de desmovilización de las FARC, el pueblo; en una decisión que resultó muy cerrada, dijo no, sin embargo el gobierno decidió que el proceso igual se llevaría a cabo. Muchos celebraron la decisión y los que votaron por el Si, en una actitud soberbia e irrespetuosa surgieron de inmediato a tachar a los del No de guerreristas, ignorantes y violentos; sin tener en cuenta las razones para tal decisión. No podemos negar, que efectivamente gran parte de los que decidieron que votar por el No, lo hicieron manipulados por sus líderes políticos, sin tomarse el trabajo de estudiar lo que se estaba por firmar; pero tampoco se puede negar que muchos de los que votaron por el Si, lo hicieron bajo las mismas condiciones, sin tomarse el trabajo de evaluar las potenciales consecuencias del proceso.

Hace pocos días, nuevamente un grupo armado atacó una instalación de policía, la escuela de cadetes General Santander. No fueron las FARC, esta vez fue el ELN, que a pesar o más bien, como consecuencia de la desmovilización de las FARC; ha incrementado considerablemente su capacidad delictiva y militar. En dicho atentado, murieron veinte jóvenes, cadetes de la escuela, mientras que muchos otros permanecen en clínicas y hospitales tratando de recuperarse de sus heridas.

Los del No no-uribista en el plebiscito, quisiéramos haber estado equivocados, quisiéramos haber sido los pesimistas de la historia y que al final, los del Si hubieran tenido la razón. pero queda demostrado que un delincuente no cambia por más oportunidades que tenga, que siempre van a estar inclinados a la violencia (tal vez porque es lo único que saben hacer y lo que llevan haciendo por 20 o 30 años en la selva), queda demostrado que las soluciones rápidas al conflicto como los procesos de desmovilización, no son eficaces, consistiendo solamente en una plataforma de lobby político, una oportunidad más para que los corruptos de siempre despilfarren y se roben los recursos del pueblo, mientras los miembros de los grupos armados al margen de la ley, aprovechan para legalizar el dinero de sus actividades ilícitas. Queda demostrado que estos procesos, solo son una obra de teatro, en la que al final, los actores solo se cambian el brazalete, por uno con otras siglas y otros colores para seguir delinquiendo de la forma habitual.

Queda demostrado que la única solución posible al conflicto es la educación; para resolver el problema quizás en 30 o 40 años, cuando ya esta generación se haya ido, porque tenemos que entenderlo, las soluciones inmedias no existen, la paz no es algo tan simple como que dos sujetos con sus propios intereses personales se sienten a firmar un pedazo de papel, menos en una sociedad tan llena de odio, egoísmo y corrupción como la nuestra. Es evidente que hay sectores a los que les interesa más perpetuar la guerra y el narcotráfico, que encontrar la paz para el país.

Lo más triste, es que los grandes ganadores con esta tragedia (la de los jóvenes cadetes muertos y heridos), son los líderes de la extrema derecha corrupta y arrogante. Porque ellos no van a desaprovechar la oportunidad de convencer al pueblo ignorante de que son la única salvación, ellos no van a desaprovechar la oportunidad para crear cortinas de humo mientras se perpetúan en el poder y siguen apropiándose  de las riquezas de esta tierra sagrada. Porque entre otras cosas, el atentado llegó en un momento político y social demasiado conveniente para sus intereses.

Como era de esperarse y como ocurre siempre en la tierra de las mariposas amarillas, la gente se lanzó a las calles a marchar, porque cuando el colombiano está inconforme con algo, lo único que hace es marchar, muchas veces sin convicción, resignado a que al día siguiente, todo volverá a ser igual. Pero esta vez, la cota de odio alcanzó unos nuevos límites aberrantes, pues seguidores de izquierda y derecha, no perdieron la ocasión de insultarse mutuamente, aunque unos y otros no se conocieran.

De lo que queda, solo cabe resaltar algo, la situación también es una lección de humildad para policías y militares, ya que mientras los políticos de ultraderecha y ultraizquierda, rodeados por sus fanáticos seguidores, aprovechan para señalarse y culparse entre sí, sin importarles el dolor en los corazones de las familias de las víctimas; es el pueblo llano, el ciudadano de a pie, ese mismo al que los militares a veces tratan de forma insolente y con ínfulas de superioridad, el que ahora se solidariza con su tragedia. Porque no, no eran veinte policías, eran veinte chicos que apenas estaban estudiando, con mil sueños por cumplir como los de cualquier otro estudiante a esa edad, algunos de ellos eran deportistas o prospectos de profesionales que solo querían aprovechar las ventajas para sus carreras que les brinda trabajar con una institución del estado; veinte chicos que no eran culpables de lo que hayan hecho sus predecesores, veinte jóvenes que aún no eran culpables de los pecados que reposan sobre sus uniformes.

Con respecto a la lección de solidaridad que gran parte del pueblo ofrece hoy, hay algo que todos; policías, militares, médicos, abogados, arquitectos, ingenieros, profesores, psicólogos, periodistas, profesionales en general y especialmente los servidores públicos debemos entender; y es que nosotros, nos debemos a nuestro pueblo y no a unos gobernantes corruptos y delincuentes que solo nos manipulan a su antojo para satisfacer sus necesidades personales.