lunes, 18 de junio de 2018

Elecciones 2018

Este es un post muy corto basado en una idea que no quiero perder y la conclusión a la que llegué después de las elecciones presidenciales colombianas 2018. El país estaba dividido en dos facciones difusamente definidas, pero no por ello menos sectarias ni radicales. La primera que reunía a los partidos tradicionales Conservador, Liberal y sus derivados (Cambio Radical, Partido de la Unidad Nacional y el Centro Democrático Alternativo), en resumen toda la ultra derecha nacional reunida en un solo frente y representada por Iván Duque. Por otro lado, se encontraban los miembros de la izquierda nacional reunidos en el Movimiento Progresistas, muchos miembros del Polo Democrático alternativo, otros que se autodenominan como miembros del centralismo político colombiano y que se reúnen bajo el Partido Verde y otros tantos desbandados del Partido Liberal, todos ellos liderados por Gustavo Petro.

Ambos candidatos, bastante criticados, no tanto por sus propuestas o sus programas de gobierno, como por sus antecedentes y lo que representan para Colombia. Iván Duque, un hombre sin mayor experiencia política y con escasa formación académica que llegó a las elecciones solo por contar con el respaldo del expresidente y senador Álvaro Úribe Vélez, que a su vez ha sido uno de los peores presidentes en la historia colombiana por su gestión en la educación, la protección social, los derechos laborales, la salud y que cuenta con un largo historial de investigaciones por corrupción, asesinatos de campesinos y narcotráfico. Por otro lado, Gustavo Petro, un hombre con amplia experiencia política como senador y alcalde de Bogotá, pero cuya gestión dejó sumida a la capital colombiana en una crisis de disposición de residuos sin precedentes; además de que nunca pudo sacar adelante proyectos como el metro (que ningún alcalde ha podido desarrollar) o la construcción de más de cuarenta colegios que propuso en su plan de gobierno para dicha alcaldía; que además adquirió una máquina para la reparación de las desastradas calles bogotanas que nunca cumplió con las expectativas.

El panorama político no podía ser peor; teniendo en cuenta solo a los dos candidatos que llegaron a segunda vuelta, pues aquellos que no pudieron pasar, no eran mejores, ya que unos y otros estaban salpicados por escándalos de paramilitarismo, mala administración, corrupción y una larga lista de etcéteras, estos eran Sergio Fajardo exalcalde de Medellín, Germán Vargas Lleras vicepresidente de Colombia y Humberto De la Calle otro exvicepresidente. Sin embargo, ahí estaban los colombianos de a pie, defendiendo a unos y a otros e insultándose por diferentes medios con aquellos que no compartían sus posiciones.

Pero llegó el final, las elecciones pasaron e Iván Duque fue escogido como presidente para la dicha de muchos y la amargura de otros tantos. Ahora solo el tiempo nos dirá que tan buena o mala será la gestión de este hombre y sin embargo la conclusión que a mí me queda como respuesta a muchos interrogantes que me surgieron en las últimas semanas es la siguiente: ¿Eran las elecciones realmente una lucha de clases sociales?, no, en ambas facciones se encontraban y se encuentran miembros desde los más humildes hasta los más adinerados y poderosos, ¿Era una lucha de regiones entonces?, pues no, gente de todas las regiones del país, en mayor o en menor porcentaje votó por uno u otro candidato y los defendió con la misma vehemencia. ¿Entonces era una lucha generacional?, pues va a ser que tampoco, ya que había gente de todas las edades votando por cualquiera de los dos candidatos. ¿Se trataba de una lucha de niveles intelectuales?, no, personalmente vi personas de todos los niveles académicos, obreros, profesionales, especialistas, tecnólogos y técnicos, por no contar deportistas y artistas que se avocaron a defender cualquiera de los dos bandos con la misma efervescencia y sectarismo. ¿Entonces se trataba de una lucha entre corruptos y honestos?, no, ya que en ambos bandos habían votantes y políticos honestos y corruptos en la misma medida, aunque a muchos les duela aceptarlo. Las elecciones del 2018, solo fueron la puja entre los que le creyeron a uno, los que le creyeron a otro y los que al final nos decantamos por el mal que nos pareció menos grave.

Si al final, usted amigo colombiano, votó por el ganador o por el perdedor, ya hoy 18 de junio, no importa, déjeme recordarle que gustenos o no, el que ganó nos va a gobernar a todos y que nunca se va a dar cuenta si usted votó por él o no. Pero tranquilo, para su consuelo, le recuerdo que ambas opciones eran malas.

Ahora que tenemos el país dividido (tal como viene desde que tengo uso de razón), solo nos queda reconciliarnos con familiares, amigos, compañeros, vecinos e incluso desconocidos a los que insultamos y ofendimos de distintas formas, con los que nos enemistamos solo porque sus ideales no compartían los nuestros. Hágalo por favor, que bastante que este país lo necesita.

18 de junio de 2018.