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martes, 27 de octubre de 2020

La guardiana del faro

Y esa noche sin luna, iluminada por la luz del faro; la guardiana del faro se sentó a la orilla del acantilado, con la flauta entre los dedos, mientras la espuma de las olas acariciaba y le cosquilleaba en las plantas de sus pies. Sabía que desde debajo de la superficie del agua, la observaban y sabía que era peligroso, pero eso ya no le importaba.

La gitana que le había enseñado aquella vieja canción, la había advertido, que la venganza no le regresaría la dicha; sin embargo, hacía tiempo que no era la búsqueda de la felicidad lo que la impulsaba. Por eso, cuando oyó el chasquido de las aletas en la superficie, empezó a tocar su canción, mientras las lágrimas anegaban sus ojos. Una a una, las sirenas emergieron del agua, atraídas por aquella melodía, arrastrándose como podían y aferrándose a las paredes de roca húmeda y coral marchito del acantilado, con sus pupilas vacías y aquellas bocas abiertas totalmente desencajadas; las mismas, de cuyas gargantas nacían coros, canciones y estafadoras voces que hipnotizaban a los hombres por pura diversión, para luego arrastrarlos al fondo del mar, donde se ahogaban y de donde sus cuerpos nunca regresaban a la superficie.

Ella, por amor, por despecho y por venganza seguía tocando, mientras las sirenas a su alrededor se asfixiaban lentamente en el aire libre y fresco de la noche. Aquella era la muerte que había encontrado su amor al oír el canto de las sirenas, y aunque ver morir a los engendros a su alrededor, no se lo devolvería con vida, estaba segura de que ese era el precio justo que aquellos seres debían pagar.

Martes, 27 de noviembre de 2020

miércoles, 9 de mayo de 2018

Recuerdos

Cada noche de esta semana he pensado en ti, he recordado tu calor en mi piel, el sabor de tus besos, el olor de tu piel. Las penumbras de mi habitación no podrán hacerme olvidar la luz de tus ojos ni el fulgor de tu boca al reír. El silencio que me rodea, jamás me hará olvidar el timbre de tu voz. Porque definitivamente, las noches están hechas para recordar.

Mayo de 2018.



miércoles, 2 de mayo de 2018

Ella

Ella me dijo que huyéramos, pero yo había perdido las fuerzas para correr,
quiso que la hiciera reír, pero el pesimismo frunció mi entrecejo
me pidió que bailáramos, pero yo no fui capaz de levantarme,
me dijo que cantara para ella, pero el silencio se apoderó de mí
me invitó a volar, pero yo había perdido mis alas,
quiso que soñáramos juntos, pero yo no podía conciliar el sueño,
me invitó a seguir adelante, pero mi miedo al porvenir no me dejó acompañarla,
me pidió que la hiciera feliz, pero mi amargura me llevó a perderla.

Mayo de 2018


martes, 10 de abril de 2018

Sirena

Muévete libre como el agua, en el mar de tus propósitos y tus metas, que ninguna ola causada por las penas, sea nunca lo suficientemente grande para arrastrarte a su merced y que la alegría te colme radiante para ayudarte a ver en la oscuridad del fondo marino. Nada  y que las corrientes oceánicas fluyan siempre a tu favor, que si los predadores te persiguen, seas lo suficientemente ágil y rápida para escapar a aguas más cálidas y seguras, y si algún día; un barco pesquero intenta atraparte, escapes con facilidad de sus tramposas redes. Nada sirena, y que si la magia del mundo amenaza con convertirte en espuma y disolverte para siempre, el sonido de tu voz al cantar sea más fuerte y te permita triunfar.

Abril de 2018.


domingo, 8 de abril de 2018

A la madrugada

Una foto con visos escarlata, aquellos cristales de un color extraño, esa mueca burlona conocida, una palabra como una orden que incita a beber, una risa sardónica; solo un sueño demasiado real para recordarme que ya no está... 

08 de abril de 2018




jueves, 5 de abril de 2018

Recuerdos de cosas ya olvidadas

Todavía conservo las letras que escribí para ti pero no llegaste a leer, aquellos trazos de lápiz que dibujaron tu piel y que tus ojos de cristal no llegaron a recorrer, las melodías de mis canciones que aunque canté para ti, nunca tus oídos pudieron oír, los versos de mis poesías que no escuchaste al atardecer, los brindis hechos al aire que tus labios no probaron jamás y las fotos de paisajes que conmigo nunca verás. En tus silencios ahora estoy, con un cigarro y un café, mirando por la persiana a la playa, mientras el mar le susurra tu nombre al viento y las olas abrazan a las rocas como yo te quise abrazar a ti. Ahora estoy aquí, con un tatuaje de recuerdos grabado en mi piel y el sabor de tus besos que a veces reaparece entre mis dientes y mis labios, mientras prismas de colores confusos, aparecen en mi mente de nuestra primera noche en aquel hotel.

Si lees estos versos, no podrás evitar escuchar el eco de mi voz en off, repitiendo cada palabra, letra por letra y mi propia imagen dibuándose en tu mente, tan difusa, pero a la vez tan clara como aquella primera vez que me viste; y de aquello que veas, tal vez será mi silueta alejándose de ti en el horizonte, paso a paso mientras me escuchas hablar o tal vez seas tú quien se aleja mientras yo hablo a tu espalda, con los brazos caídos y los ojos apretados para no llorar.

Aunque nunca haya sido lo que quisiste que fuera, quizás fui mejor de lo que pude haber sido si no me hubieras tocado y aunque pronto me olvides y no te vuelva a ver, gracias te doy por ello, antes de que te marches fugaz. Espero ahora, ser mejor de lo que fui, sin nada que ocultarle al mundo, aunque el daño que te hice sea parte de un secreto entre el universo, tú y yo. Y si ya no hago parte del mapamundi de tus recuerdos, no importa, vuela feliz que yo si te recordaré a ti.



miércoles, 4 de abril de 2018

Lluvia

La primera gota cayó en mi mejilla, dos pasos después habían caído en mi cabello y en mi mano izquierda, cinco pasos más adelante era un aguacero torrencial. La gente empezó a correr tratando de cubrirse con lo que llevaba en las manos; maletines, cuadernos y bolsas, cualquier cosa valía. Poco a poco empecé a notar como vehículos de todo tipo iban y venían cada vez más despacio y los que aceleraban, pasaban salpicándome de lodo y agua con diferentes grados de suciedad. El bochorno caluroso y el olor a tierra húmeda que se levantaron inicialmente, fueron dando paso al frío que me producía mi ropa cada vez más mojada. Yo, por mi parte, seguía caminando al mismo paso, sin acelerar, sin apresurarme pero sin detenerme, igual no tenía sentido. Las gotas de lluvia que caían sobre mí, debían cumplir el papel de aquellas lágrimas que no me atreví a derramar. Estaba completamente solo y el cielo, lloraba en mi nombre.


jueves, 2 de noviembre de 2017

Lilie

Lilie avanzaba por el pasillo central de aquella enorme catedral de aspecto gótico, aunque sin saber bien por qué; ya que instantes antes, sacudía la mano desde la popa de un barco para despedirse de un hombre de aspecto pálido y demacrado que lloraba enjugándose las lágrimas con un raído pañuelo; pero ahora estaba aquí, caminando y oyendo como retumbaban sus pasos en el eco de aquel magno edificio. Un grupo de mujeres jóvenes salía en dirección contraria a la suya, buscando la puerta. Las mujeres de variopintos aspectos ni siquiera se inmutaron en mirar a Lilie, pero ella no pudo evitar notar las expresiones indiferentes de sus rostros. Lilie tenía miedo, aunque no sabía que había más adelate, sospechaba que lo que estaba a punto de encontrar pondría fin a algo que ella había postergado durante meses. No era la primera vez que Lilie recorría los pasillos de aquella catedral y algo en su interior le gritaba que regresara, que no continuara, que se evitara la pena de ver tan patético espectáculo, sin embargo, Lilie tomó fuerzas de dónde no las tenía para continuar caminando.

Lilie avanzó hasta el altar y aunque por alguna extraña razón no podía ver aún lo que encima se hallaba, sabía que era algo que no quería ver, pero que debía hacerlo; cerró los ojos y presta a subir los cinco escalones que la separaban de su objetivo oyó la voz de un niño, una voz conocida que le heló la sangre, pues en el fondo de su corazón sabía quien era y entendía ya como iba a terminar todo.

- ¿Qué haces aquí? -Preguntó la voz pausadamente-

Al voltear a mirar a su derecha, Lilie lo vio parado ahí, inmutable, con su overall de jean zul oscuro sobre su camisita rojo encendido. Era un pequeño inexpresivo, erguido lo más que su baja estatura le permitía y miraba a Lilie como esperando su respuesta.

- Tú sabes lo que hago aquí -Respondió Lilie- sin poder evitar que un nudo se le hiciera en la garganta.

El pequeño se limitó a asentir con la cabeza antes de responder:

- Pues entonces hazlo y no pierdas más tiempo.

Lilie volteó la mirada y subió el primer escalón al altar, solo eran cinco pero al subirlos uno a la vez, sintió que eran millones y que en lugar de acercarse a su objetivo cada vez se alejaba más de él, sin embargo, al final pudo llegar ante la mesa del altar. Solo bastó una mirada para corroborar lo que ella esperaba encontrar. Él estaba ahí, el mismo joven que minutos atrás la despedía desde el muelle con los ojos inundados en lágrimas.

De no ser por su torso desnudo que dejaba al aire libre las seis cicatrices de su pecho y en la mitad de ellas aquella horrible herida con la sangre ya seca, se hubiera podido pensar que dormía. Contrario a lo que Lilie esperaba, de sus ojos no brotaron lágrimas, y el nudo en su garganta desapareció, fue como si en un instante toda la culpa, la pena y el dolor se hubieran desvanecido, Lilie, por primera vez en largos años se sentía tranquila, sin embargo una duda aún la inquietaba.

- ¿Dónde está su corazón? -Giró para preguntarle al pequeño que aún la observaba inmutable-

- Está justo donde te dije que iba a estar -Respondió el niño-

En ese momento Lilie lo oyó, escuchó ese retumbar dentro de su propio pecho como si se fuera a salir de repente y no pudo evitar sentir lástima por aquel pobre desdichado que yacía en el altar, al mismo tiempo que de pie ante sus ojos.

- ¡Quitamelo!, ¡ya no lo quiero!, ¡ya no lo necesito! -Exclamó Lilie suplicante ante la mirada del chico-

- No puedo, ya no me es posible -Fue toda la respuesta que recibió-

De repente Lilie sintió como ese corazón ajeno dentro de su propio pecho empezó a latir más fuerte cada vez, como si en un momento fuera a explotar o a abrirse paso entre huesos, músculo y piel para salir a la luz. Cada vez el sonido y el golpeteo dentro de su pecho eran más insoportables, mientras ella trataba desesperadamente de contener el llanto. Lilie cayó al suelo desplomada, segura de que su pecho iba a estallar en cualquier momento, cerró los ojos y empuñó las manos esperando que llegara el final y en un instante, cuando el dolor era más insoportable, abrió los ojos irguiéndose y liberando un desgarrador grito.

Lilie intentó mirar a su alrededor, pero la oscuridad solo le permitía percibir sombras, estaba desnuda, empapada en sudor, enredada con las sábanas de su cama y el dolor había desaparecido por completo junto con la sensación de angustia. Encendió la luz de la mesita de noche para buscar un vaso con agua y en ese mismo instante, de entre las sombras surgió aquel espectro burlón que la había atormentado cada noche de los últimos años; sin embargo, esta vez era diferente; aquel engendro parecía más humano que nunca, su apariencia era la de un ser frágil y sensible, incluso Lilie podía jurar que lo veía triste.

- He venido a despedirme -Dijo el engendro en una voz que era más bien un susurro casi inaudible- Todo ha terminado ya, ahora puedes seguir tu vida en paz.

- ¿Y qué va a pasar con él? -Preguntó Lilie sin poder evitar sentir un poco de lástima-

- Nada -Respondió el espectro- Ahora es mío, mío de nuevo, como siempre debió ser...

Lilie asintió; el demonio con una amplia sonrisa, hizo una leve venía de despedida. Lilie cerró los ojos por una fracción de segundo y al instante volvió a despertar. A su lado, estaba aquel hombre que ahora calentaba sus sábanas por las noches, mirándola sonriente mientras le acariciaba el cabello y esperaba que despertara. La pesadilla por fin había terminado, pero Lilie sabía exactamente lo que ello significaba.

Septiembre de 2017

jueves, 29 de septiembre de 2016

Susurros

Aquel momento en el que me abandonaste,
un desierto horrible se abalanzó sobre mí,
como una ardiente llama consumiendo mi carne hasta los huesos,
dejando al descubierto mi alma febril y enferma;
que se desbordó en un río que nació de mis ojos
y fluyó embravecido como una cascada imparable.

Fue ese momento en el que tuve que aprender a vivir con tus ausencias
el momento en el que tuve que aprender a soportar tus silencios
y a consolar mi llanto, hijo huérfano de tu distancia.

Fue el mismo momento, en el que entendí que eras un hermoso pájaro,
queriendo abrir sus alas para buscar su libertad;
mientras que mi ser, mi intromisión en tu vida y mi sola existencia,
solo eran una jaula, una diminuta cárcel oxidada y herrumbrosa
para la grandeza de tu ser.

Vuela libre pequeña ave y bate tus alas al sol
vuela con aquellos que son como vos.
Únete a tu bandada y surca los cielos,
que la jaula ya fue destruida y ahora solo me queda reciclar el metal,
para construir algo nuevo, un objeto diferente
que puedas ver desde las nubes al pasar. 

Septiembre de 2016.