lunes, 10 de agosto de 2015

Sábado 14 de agosto de 2010, en la tarde

Sábado 14 de agosto de 2010, en la tarde

El padre Samuel me invitó a almorzar a un restaurante al sur de la ciudad; no fuimos solos, ya que ahí se encontraban, su sobrina; una joven de unos 23 años de no muy alta estatura, de cabello negro, ojos muy brillantes y una sonrisa que dice mucho acerca de su personalidad (que debo admitir, no me causa para nada una buena impresión, ni me inspira confianza) y Raúl que por cierto no dejaba de mirarla, creo que Samuel también lo notó, pero no parece molestarle. Comimos y hablamos durante largo rato; me preguntaron acerca de lo vivido en Haití, de la gente, de lo que iba a escribir para el periódico, en fin; mientras yo respondía cada una de sus preguntas con desánimo, deseando que la conversación sobre mi viaje terminara lo más rápido posible. Después de eso me marché a mi apartamento para enviar al periódico el artículo que debe ser publicado mañana, el cual es el último acerca de mis reportajes en ese país.

Ese artículo… Samara Walter, la protagonista de ese artículo… La niña que perdió a su madre en el terremoto del 12 de enero y cuyo padre quedó inválido tras caerle una pared de más de 2 toneladas de peso en una pequeña casa de la devastada Puerto Príncipe. Esa niña por supuesto que es un ejemplo de superación y de fe, aunque no pienso repetir aquí su historia: ¡BASTA DE SAMARA!.

Además del artículo sobre Samara, también le envié al jefe de redacción esos doce artículos, que no había querido enviar antes, ya que son acerca de lo que todo el mundo está cansado de escribir y leer, La drogadicción, el aborto, los embarazos no deseados, la violencia, la infidelidad de las parejas, la desintegración de las familias, las tendencias juveniles y la depresión entre otros. Los envié porque ya se me acaban las ideas y tengo muy pocas ganas de seguir escribiendo; Aunque, para mí también son letras basura hecha para llenar las líneas de periódicos y libros de auto superación, con lo que todo el mundo cree saber pero muy pocos aplican a sus vidas, que sin embargo tantos leen tan ávidamente, moviendo la cabeza de un lado a otro con las gafas a media nariz diciendo: “cierto, muy cierto” o exclamando frases tales como: “este hombre es un sabio”, “la juventud está peor cada día”, “ahj, el padre tiene toda la razón”, “¿si ves?, es lo que yo digo…” y otras idioteces por el estilo. Pero mis necesidades son más urgentes y mi necesidad más urgente ahora es descansar así que me voy a tomar en serio el consejo de Samuel.

Sí hay algo más, digno de mención y que haya tenido ocupada mi mente en el transcurso del día, es el enorme espejo con marco de bronce que permanece recostado sobre mi ventana y del que no tengo idea quien me lo envió.




2 comentarios:

  1. Así que un espejo... ¿Y no recuerda quién se lo ha enviado? Vaya.. qué intrigante, ¿no?

    Me gusta como lo has redactado ^^ Sigo!

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    1. Esteeee.... no es que no lo recuerde, no lo sabe, es distinto. Una abrazote Carmen, continúa, continúa XD

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