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jueves, 23 de noviembre de 2017

Lo que no te dije anoche...

¿De qué te sirve mujer tu frágil belleza y tu volátil inteligencia?, si decides ir por la vida con el corazón roto, ¿De qué te sirven las riquezas del mundo?, si tu felicidad y tu paz que son tu tesoro más preciado, hoy se escurren como polvo entre las hojas arrastradas por el viento, ¿De qué te sirve tu andar seguro y tu superficial sonrisa?, si obligas a la otra mitad de tu alma a caminar en dirección opuesta, ¿De qué te sirven las mentiras? si jamás podrás engañarte a ti misma y menos a tu corazón.

Noviembre de 2017.


martes, 7 de noviembre de 2017

La carta de despedida que nunca vas a leer

A diferencia tuya, yo no creo en religiones, supersticiones ni en los relatos fantásticos que nos enseñaron desde niños. Yo creo en lo probable, en las hipótesis de matemáticos, físicos cuánticos y otros científicos aunque no las entienda del todo. Por ello, para mí, pensar en el destino, en la vida eterna o en la resurrección de nuestras almas, resulta un tanto absurdo. Sin embargo, si puedo creer en multiversos, en realidades paralelas, en formas de vida más allá de la nuestra, a través del espacio y el tiempo donde seres homólogos a ti y a mí, viven y se repiten infinitamente; en sus propias realidades, en sus propios mundos, en sus propios momentos y enfrentando sus propias decisiones.

Es esa creencia, que me lleva a pensar, que en algún lugar y en algún momento del multiverso, hay otra tú y hay otro yo, que se conocieron de la misma forma pero que mi yo no fue tan estúpido ni tu yo fue tan cobarde como lo fuimos nosotros. En algún lugar y en algún momento del multiverso hay otra tú y otro yo, que hoy viven juntos y felices. No sé si lo que creo es una realidad materializada o es solo la fantasía que me produce la resignación de que pases a mi lado de la mano de otro hombre, mientras yo abrazo a otra mujer, sin siquiera voltearnos a ver. Pero de ser así, lo único que te puedo garantizar es que mi alterego ama tanto al tuyo como yo te amo, te amé y te amaré por siempre.

Si mis creencias son ciertas, brindo por ellos y por su felicidad. De no serlo, solo le pido a la vida que por favor se borre de mi mente y de la tuya, todo recuerdo del otro, que se borre todo rastro de habernos conocido, para quitarme el pensamiento de lo que pudo haber sido y no fue, porque ahora mismo, lamento mucho para ti estar muerto. Y no es que lamente haberte conocido, es solo que lo que tenías que enseñarme, ya me lo enseñaste, a partir de ahora podríamos prescindir de nuestro mutuo recuerdo. Al menos así, todo sería más fácil.

Adiós, te deseo lo mejor. Que la vida, el universo y Dios, cualquiera que sea la concepción que tengas de él, te bendigan siempre.







martes, 24 de noviembre de 2015

Lirio

El amor de tu vida se muere entre tus brazos
y vos no hacés nada por salvarlo
sólo te sientas a verlo morir
te limitás a reclamarle a un cuerpo agonizante
el por qué no escucha tus lamentos
¿Qué vas a hacer después pequeño lirio?
¿Agregarlo a una lista de nombres?
¿Convertirlo en una página más de tu pasado?
¿O arrancarlo de la historia de tu vida?
Es cierto, no hiciste nada para que muriera
Pero ese es precisamente el problema
Que su vida está en tus manos
y que vos, no has hecho nada por nada
mucho menos por salvarlo.

Noviembre de 2015




jueves, 19 de noviembre de 2015

Mátame

Mátame muñeca preciosa, por favor mátame
Asfixiame con un beso, no me dejes respirar
consume el calor de mi cuerpo con el tuyo
Absorbe poco a poco la energía de mi piel
Arrastrame en un huracán de pasión
Suicidémonos juntos en un momento de placer
Hagamos que nuestras vidas queden esta noche entre las sábanas
Haz que mi corazón se funda con el tuyo en uno sólo
Ahógame en un mar de besos y labios
Ahorcame con un abrazo y tus piernas alrededor de mi torso
Arrancame la piel con tus caricias
Entrégame tu vida en un sacrificio de amor puro
Muere conmigo esta noche entre mis brazos
Que nuestra comunión sea un harakiri de placer
Que mañana al despertar juntos, sintamos de nuevo renacer
Pero esta noche mátame muñeca preciosa
Por favor mátame.

Noviembre de 2015




sábado, 7 de noviembre de 2015

El Terminal



Son casi las 14:00, acabo de llegar al terminal y sé que voy tarde. Es sábado y el calor de principio de año me está matando, sudo terriblemente, cosa que me incomoda mucho. Hasta dónde tengo entendido, ella debería esperarme, pero aún desconfío de sus palabras, debo admitir que me costó bastante tomar la decisión de venir, pero ya estoy aquí, así que tendré que ir a buscarla.

Un mensaje de texto llega a mí teléfono, "Taquilla de la empresa Gacela, segundo piso, estoy esperándote, apenas llegues me llamas". Mi corazón salta de sorpresa, de alguna forma no lo puedo creer, no puedo creer que realmente esté aquí. Hace ya casi dos o tres años que no nos vemos, no estoy seguro de si podrá reconocerme.

***

Aún recuerdo aquella tarde. Mi compañero de cabina y uno de mis mejores amigos, llevaba semanas insistiéndome para que lo acompañara a la finca de sus padres. Ese día se celebraría un cumpleaños y esa amiga de la que llevaba tanto tiempo hablándome iba a estar ahí. "Ella te quiere conocer, vamos hombre no te hagás rogar". Yo no quería ir, la fiesta era un evento completamente familiar y esa era mi excusa para escapar, pero había algo más. Yo llevaba ya casi dos años olvidando a otra mujer, en ese momento, apenas empezaba a salir de la pena que durante meses me había sumido en el alcohol.

Mi amigo no dejaba de insistir, esa noche al cerrar los micrófonos de la emisora, en nuestro programa habitual, tuve que soportarlo todo el camino a casa. Toda la conversación giraba en torno a su insistencia por que lo acompañara y a mi continua negación. Sin embargo, yo no dejaba de pensar en aquella chica, en la amiga que él con tanta emoción me describía.

Inteligente, sencilla, nostálgica, seria y bella. ¿Qué más se podría pedir de una mujer? He de confesar que a cada palabra que me decía, yo ya sentía que me estaba enamorando y eso me asustaba, me estaba enamorando de una mujer aún sin conocerla. "Ella te quiere conocer", Insistía él y yo me empeñaba en mi "No".

Finalmente llegó el día de la fiesta. Esa mañana como era mi rutina de todos los domingos, me fui a nadar dos horas para distraerme y moverme un poco. Mis horarios se habían hecho intensos en los últimos meses, era lo único que me ayudaba a sobrevivir. En las mañanas durante la semana, me iba al trabajo, al caer la tarde tenía entrenamiento lunes y miércoles, y al salir del agua, tenía que correr para llegar a la emisora a tiempo pues el programa se transmitía de lunes a miércoles. Pero ese día como por cosas del destino, un leve tirón en mi pierna derecha me hizo cortar mi rutina. Regresé a casa molesto, cuando una llamada me entró al teléfono. Al contestar, lo primero que escuché fue la voz de mi amigo. "Hey, estamos esperándote".

Me decidí finalmente y me cambié de ropas para ir a la finca, mi corazón daba tumbos, algo se movía en mi estómago y yo me negaba a admitir lo que era. Tomé un bús y viajé unos quince minutos para llegar al punto indicado, pero como cosa habitual en mí, terminé perdido; al punto que tuvieron que ir a buscarme. Un automóvil me pitó en la carretera y mis manos sudaron frío por la emoción. Al abrir las ventanillas, ahí estaba mi amigo en el asiento del pasajero y conduciendo iba su prima, pero aquella mujer de la que tanto me había hablado no estaba ahí, y de mí se apoderó la decepción.

Al llegar a la finca, la sonrisa y la mirada cómplice de mi amigo me escrutaron  como si él fuera  un psicólogo y yo su paciente. Bueno, si, él es un psicólogo, licenciado y titulado para tal. Pero yo no era su paciente y él sabía que yo odiaba que me evaluara, sin embargo en sus conjeturas tenía razón y él mejor que nadie lo sabía, yo, estaba enfurruñado y mascullando mi enojo porque ella no había aparecido aún. Lo único que me dijo fue "Vamos al lago, ella está ahí".

Cuando llegamos al lago, no pude evitar advertir la presencia de los gansos, "patos" dije para mí mismo como tratando de buscar en que pensar. De inmediato, una gran sombra me cubrió la luz del sol. Un tipo enorme estaba parado frente a mí, el tipo más grande que había visto en bastante tiempo, un joven de piel oscura que me saludaba con una sonrisa y apretaba mi mano presentándose. Mi amigo intercambió nuestros nombres por nosotros y detrás de él apareció ella, la dama que me había mantenido inquieto los últimos días.

Era una chica de piel blanca, cabello rubio suelto, vestida de forma deportiva con sudadera de pantalón y chaquetín rosas, sus ojos no me miraban y yo le ofrecí la mano temblando, mientras mi amigo nos abrazaba a ambos y con una sonrisa maliciosa decía: "Por fin".

La tarde pasó absurda, yo había llegado hasta ahí sólo para conocerla y ella en teoría había hecho lo mismo, sin embargo no éramos capaces de intercambiar un par de palabras entre nosotros más de las necesarias. Una película bastante mala nos llevó a todos a una de las habitaciones de arriba, mientras la reunión continuaba en el piso de abajo y afuera caía la lluvia, éramos cinco muchachos sentados en el suelo de ese cuarto caluroso y oscuro, mi amigo, su prima, el muchacho grandulón, aquella chica y yo. Mi amigo se dio sus mañas para que ella y yo nos sentáramos el uno al lado del otro en un rincón.

En  un momento la película se había acabado y todos nos quejábamos de lo terrible que había sido, mientras afuera seguía lloviendo copiosamente. Fue ese el momento en que a mi amigo se le ocurrió una de sus grandiosas ideas, llevarse a su prima y al otro chico, para traer algo de beber, mientras nos dejaba a nosotros dos solos en esa oscura habitación. La conversación entre nosotros no mejoró nada, hablábamos de nuestras carreras, de mi trabajo y de su rutina, pero aún permanecíamos avergonzados sin casi que mirarnos a los ojos y yo, en mi interior sin querer admitir porqué.

Así llegó la noche y el momento de partir, una larga caminata nos esperaba por un sendero de tierra pues la prima de mi amigo tenía otras personas a las que llevar. Ella y yo caminábamos uno al lado del otro sin decirnos mayor cosa. Un charco, un resbalón y su mano que se estiró instintivamente para sostenerse de mí, mientras la mía reaccionaba en respuesta atrapando la suya. Así seguimos todo el camino, aunque ya no era necesario, aunque ya no habían charcos, ni piedras que amenazaran su integridad. Así seguimos hasta llegar a la carretera, escoltados por nuestros amigos que hablaban de cualquier cosa sin importancia.

***

Han pasado años desde aquella tarde, cosas que sucedieron con nuestras vidas nos separaron irremediablemente. Nuestros mundos se separaron y nosotros nos rendimos sin más, nunca fuimos capaces de luchar. Esa incapacidad para luchar, ese miedo y esa impotencia nos enfrentaron en peleas casi que irreconciliables, discusiones con finales terribles dónde las palabras hirientes en uno y otro sentido fluyeron en ambas vías causando heridas que hasta hace poco no habíamos conseguido sanar.

Subo las escaleras del terminal con el corazón agitado, busco por todas partes la mencionada taquilla y la veo a lo lejos, sentada, impaciente. Me acerco unos metros e instintivamente ella me voltea a mirar. Nos observamos por un par de segundos que parecen eternidad, sin mencionar palabra, sin saludarnos, evaluándonos el uno al otro sin saber bien que hacer. Llevo mucho tiempo anhelando este momento, siempre quise volverla a ver, durante días pensé, repensé y planeé lo que le iba a decir, en qué tono, como me iba a parar, como la iba a mirar, como me iba a mover, siempre en mil opciones distintas que nunca llegué a definir y aquí estoy, parado sin siquiera saber como saludarle. No sé si estirar la mano o besar su mejilla, no sé si lo mejor sea un "hola" o un "buenas tardes" y sin pensarlo, casi sin dejarme reaccionar, ella se abalanza a mis brazos, mientras un nudo se me forma en la garganta. Mi boca se pierde en su cuello, siento el olor de su piel, mientras mis manos aprietan su espalda y juguetean con su cabello, ella me abraza con suavidad pero con firmeza, siento su calor en mi pecho y ahora sé que todo está bien. Por fin, hemos logrado perdonarnos.


sábado, 17 de octubre de 2015

Cazador nocturno

Sentía una satisfacción especial en seguir su rutina de los fines de semana. Sabía de memoria todas las normas que debía saber para vestir de forma informal sin dejar de ser elegante y llamar la atención.

Su impecable camisa azul oscura de mangas largas, cuyos puños llegaban justo a la muñeca, lo suficientemente ceñida para hacer notar su cuerpo trabajado en el gimansio y lo suficientemente holgada para permitirle moverse con agilidad le daba ese aire de poder que quería mostrar. Siempre tenía el cuidado de no arremangarse por encima del codo pues sabía que eso daba un aspecto burdo que no quería mostrar, y la camisa iba siempre por dentro.

A pesar de llevar jeans, nunca lucía unos que estuvieran desteñidos ni raídos, eso era sólo para universitarios problemáticos y jovencitas sexys. Además este estaba correctamente sujeto con un cinturón que hiciera juego perfecto con sus zapatos. Jamás cometía el error de usar medias blancas, eso estaba reservado para nerds y perdedores, en cambio usaba calcetines de algodón de un adecuado color oscuro que hacía juego con el color del resto de su ropa.

Llevaba sus zapatos deportivos de cuero café oscuro impecables, pues sabía que se puede decir mucho de alguien por el aspecto de su calzado. El reloj de metal brillante, manecillas y tablero grande nunca faltaba en su muñeca a la hora de salir de conquista, eso le daba un aire interesante. Tampoco olvidaba ponerse su colonia favorita ya que el olfato es un sentido muy sensible. Su cabello cuidadosamente peinado tenía el largo preciso, ya que de llevarlo muy corto parecería un militar y de llevarlo muy largo sería una señal de descuido imperdonable; por supuesto estaba rigurosamente afeitado.

Llegó al bar esa noche como todas las noches solo, en su Chevy Cruze que era tan impecable como él, salió del auto no sin darle un último vistazo al cuello de su camisa, a su cabello y revisar su aliento. Se paró junto al auto un par de minutos y miró a su alrededor como tanteando la zona; eran apenas las diez de la noche por lo que las chicas apenas estarían llegando y no corría el riesgo de que ya las mejores presas hubieran caído en las garras de otros galanes. El clima era espectacular por lo que de seguro sería otra noche de conquista asegurada. Entró y se dirigió a la barra del bar, pidió un vaso de whiskey en las rocas que tardaría un buen rato en beberse por completo pues quería mantener los sentidos completamente despiertos; era un cazador y necesitaba permanecer alerta.

Mientras bebía se antojó de un cigarro, pero sabía que no podía fumar; al menos no antes de encontrar a su presa, pues el humo del cigarrillo estropearía el olor de su colonia, además a algunas damas les molesta el olor del tabaco. De vez en cuando saludaba a un par de amigos o intercambiaba chistes con el barman, aunque salía sólo, pues a las mujeres no les atraen los hombres en manada, también quería parecer un tipo agradable.

Observaba a todas las chicas a su alrededor sin detenerse en detalles como sus pechos o sus traseros, las miraba directamente a los ojos y les sostenía la mirada cuando ellas hacían lo mismo, sonreía sutilmente sin retirarse hasta que ellas no lo hacían pues siempre se debe proyectar seguridad y confianza. En un momento, una chica, se sentó a su lado, una hermosa pelirroja de cuerpo fatal, ojos grandes y labios sensuales, engalanada en un ajustado vestido negro que le llegaba justo a mitad de pierna; esa era la presa esperada. A partir de ahí el plan era el mismo de siempre.

Sabía que era un tipo bien parecido por lo que no le costaría llamar la atención de la chica, por lo que sólo quedaba causar la impresión adecuada y esperar el momento perfecto para entablar conversación. Empezó comentando una anécdota al barman sobre su sobrino, al que casi nunca veía y del que sin embargo siempre portaba una foto en la billetera pues sabía que a las mujeres les encantan los niños, aunque la mayoría evadan a los padres. Sabía que hablar de temas como problemas, tristezas o contar chistes de mal gusto estaban prohibidos en una noche de cacería. Del mismo modo evitaba decir cosas tales como: Yo hago, yo tengo, yo soy e yo fuí pues a nadie le gustan los fanfarrones egocéntricos.

En menos de diez minutos ya había conseguido cruzar un par de miradas con la chica de al lado y ya había logrado sacarle un par de sonrisas, era la hora de presentarse dándole un apretón de manos fuerte mientras no dejaba de sostenerle la mirada sonriendo e invitarle a un trago. Pasaron un par de horas entre risas, tragos y conversación, mientras poco a poco iba enredando a la chica más en sus redes. No se trataba de una chica tímida, lo cual le facilitaba mucho las cosas, El final de la noche estaba asegurado.

En un momento notó como la chica escribía en una servilleta con labial, antes de excusarse en voz alta para ir al baño, dejándole la servilleta sobre la pierna y guiñándole un ojo en el acto.

"Te espero en dos minutos"

Decía la nota, lo cuál se salía ligeramente de sus planes, pues para eso tenía su apartamento, pero si la dama quería jugar sucio y rudo, él no iba a negarse. Esperó un poco más de dos minutos, sólo para hacerse deseable y se dirigió sonriente al baño para dar el golpe final. Al entrar al baño de caballeros, encontró a la chica semirrecostada en el lavabo que lo esperaba levantando una ceja. Al apenas acercarse, la chica se arrojó a sus brazos y empezó a besarle apasionadamente.

"Oye, esto es innecesario, si quieres podemos ir a mi apartamento donde estaremos más cómodos" Dijo a lo que ella le respondió con un pícaro "No" mientras le guiñaba un ojo y lo empujaba a uno de los servicios. Él le siguió el juego excitado por la situación y sonrió mientras ella entraba, cerrando la puerta tras de si. Un nuevo beso apasionado y las manos recorrieron ambos cuerpos antes de separarse en una última mirada.

Cuando él se dio cuenta, los ojos de la chica parecían cuencas vacías de un negro profundo, su mueca se deformaba hacía abajo en algo que parecía un grito demoníaco y sentía como perdía el control de su cuerpo, mientras los recuerdos escapaban de su mente. Lo único que pudo ver, antes de que su piel y el resto de su cuerpo empezara a marchitarse, consumiéndose como ceniza que se deshace al viento, fue como el ente que lo absorbía, lentamente iba tomando su aspecto, mientras le decía con su propia voz, "Cariño, alguien debió advertirte que tuvieras cuidado con los Döpelganger".

Esa noche, todos sus amigos y conocidos lo vieron salir del bar y tomar su auto, serio y solo, por primer fin de semana en mucho tiempo.

Octubre de 2015.



domingo, 9 de agosto de 2015

Me gustas

Me gustas
Me gustas cuando te enojas
Me gustas cuando te pones tierna
Me gustas cuando me haces pucheros
Me gustas cuando tu mirada triste te traiciona
Me gustas cuando sonríes
Me gustas cuando estás alegre
y más cuando sos pícara
Me gusta tu mirada limpia
y lo sensual de tus gestos
Me gusta cuando te veo
distraída pensando en cualquier cosa
Me gustas, de verdad que me gustas.


Agosto de 2015




lunes, 23 de febrero de 2015

Te equivocas

Yo no pretendo que seas mía
No pretendo controlar tu mundo
Yo quiero que vos decidas
Sólo deseo que seas libre
Y cuando lo seas, si vos lo quieres
Me compartas tu libertad.

Febrero 2015.



jueves, 29 de enero de 2015

El día que soñé que viajaba

A pesar del tiempo, a pesar de la distancia, aún hay tres cosas que no se marchitan en mi corazón; una rosa de papel, la luz de tus ojos y mi amor por vos.

Era una tarde lluviosa de abril, me encontraba preparándome en mi habitación para salir. Sabía que mi viaje iba a ser largo y que tal vez tardaría mucho tiempo en volver a ver a mi familia. A pesar de eso no quería despedirme ya que los días anteriores a mi viaje habían sido largos y tortuosos. Abajo en la sala todos aguardaban mi partida en silencio. Terminé de empacar las cosas que creía que iba a necesitar y quería llevar conmigo, recordé todos los momentos vividos en aquella habitación y retomé impulsos para apresurar mi partida.

Bajé las escaleras que me conducían a la sala, mis padres y hermanos esperaban sentados sin pronunciar palabra alguna. Me acerqué a todos diciéndoles lo mucho que los amaba y lo mucho que los iba a extrañar, pero ninguno de ellos se atrevió a mirarme a los ojos. Al acercarme a mi madre, noté que sostenía entre sus dedos el viejo y descolorido rosario con el que rezaba todas las noches, traté de tomar sus manos entre las mías pero ella se tapó el rostro para ocultar el llanto, yo entendí el profundo dolor que le causaba mi partida por lo que no quise torturarla más y me despedí con un simple beso en la frente. Al acercarme a mi padre, vi que también lloraba con los ojos cerrados, cosa que en mi niñez me hubiera sorprendido mucho ya que casi siempre había mostrado una gran fortaleza en estas situaciones, pero en los últimos años había notado como el hombre que me vio nacer y crecer se hacía cada vez más viejo y más sentimental; puse mi mano en su hombro, lo miré a la cara y le dije un “te amo” que a mi mismo me heló la sangre a lo que el respondió con un susurro entre su llanto:

- Voy a extrañarte demasiado muchacho.

Solté su hombro y le pedí que por favor me alcanzara después con mi equipaje, a lo que el no respondió nada. Un detalle enviado por una gran amiga de la juventud me causó un desagrado indescriptible, eso y la actitud exagerada de mi familia. Pero debía yo también admitir que sentía una gran tristeza al alejarme de ellos y por el largo viaje que me esperaba. Salí de la casa cuando aún lloviznaba un poco e iba pensando en todo lo ocurrido anteriormente, en las causas de mi repentina partida, en mis tristezas, en mi futuro y llegué a la conclusión de que ya nada tenía sentido y que no valía la pena desgastarme pensando en ese asunto. Caminaba por la mitad por la calle solitaria a causa del aguacero que había caído hasta hacía poco, llevaba las manos en los bolsillos y miraba hacía el suelo. Avancé un gran trayecto, había perdido ya la noción del tiempo que llevaba marchando y por alguna razón sentí que estaba tardando mucho más de lo que había pensado, cuando pasé por un lugar que se me hacía extrañamente conocido pero al que en mi vida, no recordaba haber entrado jamás.

De pronto sentí un gran impulso de entrar a ese lugar como si debiera hacer aún algo más antes de partir. Seguí caminando un poco más, buscando una puerta o un lugar por el que pudiera ingresar las tapias exteriores eran enormes y ruinosas. Cuando encontré una entrada empecé a recorrer el sitio que tenía un aire lúgubre y solitario; adentro una espesa neblina dificultaba mi visión, pero el lugar a simple vista parecía un enorme campo baldío. En algunos sitios el prado alto se encontraba amarilleado y marchito por el sol, aunque empezaba a reverdecer a causa de las intensas lluvias de los últimos días. Caminé por el campo sin comprender muy bien donde estaba. De repente tropecé con algo entre el prado que me llegaba hasta la cintura, pero que no supe bien que era e ignoré por completo. Continué caminando hasta que un aroma conocido me detuvo, era el perfume de una mujer, aquella mujer a la que había amado tanto durante los últimos años de mi vida, con la que había pasado tantos recuerdos hermosos en la habitación que había abandonado hacía rato, la misma mujer que podía ser la causante de mi repentino partir. Empezaba a caer la tarde cuando su voz me dijo:

- Hola, ha pasado tiempo desde la última vez que hablé contigo.

Dudé unos instantes y giré para mirarla a los ojos, pero ella al igual los demás ese día y por alguna rara razón, no me devolvía la mirada. Su apariencia había cambiado bastante desde nuestro último encuentro, parecía algo mayor, como si hubieran pasado años desde la última vez que nos vimos y tenía una actitud solemne difícil de definir. No dije nada pero ella continuó así:

- Es raro hablarte de nuevo ¿sabes?, más ahora que se que no vas a responderme y tal vez no quieras escucharme, pero necesito decirte algo.

Desde mis adentros quería responderle, quería decirle tantas cosas, sin embargo sabía que sería inútil, sabía que no debía hacerlo, porque haberlo hecho solo nos habría lastimado más. No me sorprendía que ella lo supiera o lo entendiera, ya que de alguna extraña manera nos habíamos conocido muy bien desde el comienzo, bastaba solo con mirarnos a los ojos o con oír nuestras voces para saber lo que sentía o quería el otro. A pesar de que quería callar y mi conciencia me decía que me apartara, que no la escuchara, que me alejara de allí; quería escucharla, quería oír su voz y quería oír lo que tenía que decirme antes de partir. Es bien sabido para todos que los seres humanos nunca hacemos lo que debemos o tenemos que hacer, nunca hacemos lo que nos conviene, siempre terminamos haciendo lo que se nos viene en gana; así que de mi boca solo se pudo emitir un débil:

- Te escucho.

Vi como se estremeció al pronunciar mis palabras, se frotó los brazos con las manos en señal de escalofrío y siguió diciendo:

- Lamento mucho lo que pasó, aunque debo admitir que no hubiera venido a verte de no ser porque pasaba por aquí y te encontré por casualidad. Estaba visitando a mi padre, pasé a saludarlo porque me sentía algo sola ¿Sabes? Hace tiempo que no lo hacía y como siempre mis actos o mis omisiones a pesar de ser perfectamente calculados no dejan de atormentar mi consciencia por las noches. Las cosas no han sido fáciles últimamente; pero ahora que estoy aquí debo confesarte muchas cosas, quizás; solo por el placer egoísta de sentirme aliviada -Hizo una pausa por un momento y continuó-Jamás te quise como tú me quisiste a mí es cierto, ya que el dueño de mi corazón era, es y seguirá siendo otro hombre; sin embargo eso no significa que no te haya apreciado, te guardo un gran cariño y te extraño mucho. Eres una persona a la que difícilmente podré olvidar jamás.

Es cierto que mientras estuve contigo pensaba en él, que mientras estaba contigo lo extrañaba y que más que amarte, seguía a tu lado por un sentimiento de despecho y soledad que aún no puedo explicar; incluso después de llevar tiempo contigo estuve con él y me alejé de ti cuando lo supiste,para arreglar mi vida a su lado, pero las cosas no funcionaron y decidí volver al tuyo cuando él se marchó, ya que sabía que difícilmente alguien más iba a lograr quererme como lo hacías tu y que nadie lograría brindarme la compañía que tu mismo me brindabas; pero, como tu mismo lo dijiste una vez, lo que mal empieza, mal ha de terminar y ese fue el momento en el que tu también dejaste de quererme. Pasé de ser el gran amor de tu vida a convertirme en una obsesión para ti y eso no pude soportarlo. El bonito sentimiento que sentías por mi se transformó de alguna extraña manera en un odio insoportable así que decidí de nuevo alejarme de ti. Puedo parecer muy cínica, pero ahora debo confesarte de que a pesar de que he sufrido mucho con esta situación no me arrepiento de lo que hice y no soy capaz de pedirte perdón, ya que si la situación se repitiera una vez más, una vez más actuaria de la misma forma, sé que a pesar de lo sucedido es imposible para mi cambiar, ahora quisiera que lo entendieras, aunque tu en la posición que te encuentras no seas capaz de hacerlo. También debo decirte que a pesar de que muchas veces busqué el amor en otros hombres e incluso algunas veces quise quedarme sola, finalmente regresé a su lado. A veces, las cosas entre los dos mejoran, a veces empeoran; tal vez porque ni el ni yo somos capaces de respetarnos el uno al otro, pero a pesar de eso, se que lo amo y es ya muy difícil para mí alejarme de él. Solo quiero que sepas que a pesar de todo yo ya te he perdonado porque también debes admitir que cometiste muchos errores, quizás no tan graves como los míos, pero errores al fin y al cabo. Ahora debo marcharme, tal vez algún día volvamos a vernos pero si no es así ya te he dicho lo que necesitaba decirte. Adiós, espero no me guardes ningún rencor.

Al decir esto una lágrima rodó por su mejilla, pasó junto a mi lado cubriéndose los labios y se marchó; quise girar para detenerla, quise decirle que la amaba y que desde lo más profundo de mi corazón solo le deseaba que fuera feliz, pero ya era demasiado tarde. Cuando al fin tuve al valor para girar y tratar de ir a buscarla, tropecé con algo nuevamente, al parecer era una piedra o una loza de cemento; me detuve a mirarla por un instante y grabados sobre ella pude leer tres renglones que me hicieron caer tendido de rodillas y entender lo que en realidad estaba pasando; en el primero estaba grabado mi nombre completo, en el segundo la fecha exacta de mi nacimiento y en el tercero la fecha de ese día, la fecha del día que soñé que viajaba.

Mayo de 2010

martes, 27 de enero de 2015

Para vos

¿Estás lista para salir? ¿A dónde vas?
¿Al menos pensaste un poco en mi mientras te preparabas?
Bien, solo quería decirte que yo si lo he hecho
Hoy mientras tomaba el café de la mañana no te sacaba de mi mente
Y al  escribir estas palabras la tenés invadida como si fuera tu posesión
¿A dónde te llevan tus pasos ahora?
Tu caminar lento y seguro, tu mirada indiferente no delatan señal de duda
Y mientras tanto yo me ocupo haciendo varias cosas para distraerme
Si, es cierto aún no lo consigo
Tal vez una ruta a un lugar lejano y desconocido para vos
Un poco de sudor sobre mis ojos y el viento en mi cara
La imagen de un paisaje en mi cámara y mis ruedas sobre la carretera
Un poco de música siempre viene bien
Mientras se escribe un relato antiguo en un lugar olvidado antes de salir
Una conversación vana y distraída con un amigo
Las páginas del trabajo atrasado pasando rápido
Pero aún con todo eso en mente te apoderaste de mi cabeza
¿Algún día la vas a dejar? ¿O acaso la invadiste para siempre?
Es una fuerte y rara sensación, sin embargo no te das por enterada que escribo estas palabras
¿Alguna vez te escribieron algo especial?
¿Será este texto ese algo que te emocione?
¿O lo mirarás con indiferencia y pasarás de largo?
Tengo muchas preguntas, no sé si vos tengas las respuestas
¿Qué música debería acompañarme hoy?
¿Un poco de reggae o rock and roll para alegrar la tarde...
O quizá algo más suave y nostálgico que me recuerde que no estás conmigo?
Quizá una mezcla de ambos, aún no lo he decidido
Y mientras tanto, volvés a mi mente como si fuera tu trono recurrente
¿Estás lista para salir? ¿A dónde vas?
¿Al menos pensaste un poco en mi mientras te preparabas...?

Enero, 2015


La Pintura

Tiré el teléfono con rabia, este sonó de nuevo pero decidí apagarlo, para mí las últimas palabras habían sido dichas ya, cualquier cosa que se dijera ahora solo empeoraría la situación. Salí de mi casa azotando la puerta a media tarde después de una discusión con mi novia, en la que hubiera querido tenerla enfrente para poder retorcerle el pescuezo (y creo que ella pensaba igual). Mi hermano intentó detenerme para pedirme un favor; pero al verme se hizo a un lado y me dejó seguir en paz. Crucé el parque del barrio con las manos en los bolsillos y caminé varias calles más hasta llegar a la avenida principal. El mundo a mí alrededor me importaba un comino y no quería hablar con nadie; Sabía que si buscaba a mis amigos, probablemente terminaría ahogándome en licor en el primer lugar que encontrara, en la cama con la primer "amiga" que me presentaran o escuchando las mismas tonterías de siempre. Esa tarde, quería hacer algo distinto; por lo que me limité a caminar.

Llegué al centro de la ciudad. Ahora caminaba sin prisa, solo y mirando las vitrinas de los locales sin prestar mayor atención a lo que veía. Mis ojos de repente se toparon con un lugar que llamó mi atención; era una galería de arte que estaba exponiendo las pinturas de un pintor con un extraño nombre, era un tal “Camenhu”; que hasta donde leí era ese su primer día de exposición.

Tenía curiosidad de entrar solo por ver que había ahí dentro, nunca he sido muy fanático de la pintura y de hecho dudaba bastante poder entender lo que quisiera expresar un loco que se gana la vida dándose de brochazos con un pedazo de paño, menos si tenía un nombre tan ridículo como Camenhu, ¿Qué padre medianamente cuerdo puede poner a su hijo un nombre así? obvio no era un nombre, lo más probable era un apodo, pero ¿Que tipo con algo de dignidad puede usar un apodo como ese? Sin embargo esa tarde quería hacer algo diferente, algo que me sacara de la rutina y en vista de las opciones me decidí a entrar.

Miré lo que tenía en los bolsillos; Saqué tres billetes arrugados, el valor preciso de la entrada y lo único que me quedaba de mi último sueldo, después de eso me quedaría sin cinco durante varios días más. Me decidí a entrar diciéndome a mi mismo que gastarme el dinero viendo arte valdría la pena para distraer la mente y sería más productivo que gastarlo en licor en una tienda de barrio. Aún tenía que sortear la entrada, ya que dudaba que me dejaran seguir con la horrible facha que llevaba.

Me acerqué a la taquilla para comprar una boleta. La muchacha que me atendió, me la vendió sin problema, así que la mitad del trabajo estaba hecho y en caso de que no me dejaran entrar tendría que regresar a casa para ponerme algo decente, ya que no pensaba perder mi dinero. Me acerqué a la puerta y para mi sorpresa me dejaron pasar sin problema, a pesar de la mala jeta del vigilante, ahora estaba dentro pero no dejaba de sentirme incomodo. Empecé a recorrer el lugar mirando los cuadros, sin acercarme mucho para no llamar la atención, todos y cada uno me parecían simples y ordinarios. Nada de lo que había en el lugar me complacía o justificaba el valor de lo que había pagado por la entrada. Paisajes, rostros desconocidos, edificios, pájaros volando, en fin; ya empezaba a ofuscarme y a refunfuñar para mis adentros por desperdiciar mis últimos billetes e incluso me dije a mí mismo pensando en cervezas: “en este momento llevaría ya la tercera”; de repente, cuando estaba casi seguro de abandonar el sitio me topé un cuadro que más que gustarme me pareció algo extraño, pero que sin duda llamó mi atención y como los ahí presentes dirían era “un poco abstracto”.

Miré el nombre en la placa dorada bajo el cuadro que decía lo siguiente:

“Autorretrato de un accidente de trabajo”.

El nombre me pareció curioso sin más, aunque seguía sin entender su significado. Pasé varios minutos tratando de entenderlo y analizándolo de arriba a abajo como el que más sabe. Al detallarlo con detenimiento y dejar volar un poco mi imaginación, creí ver la silueta de lo que para mi era una chica desnuda recostada sobre un mueble, por lo que mi peor sonrisa de pervertido se me dibujó en la cara. Para mi desgracia el puto cuadro había sido pintado de forma tal que unas manchas multicolores, que formaban una especie de círculo en la mitad de la pintura y se expandían en desorden hacía afuera formando una especie de espiral, tapaban justo las partes más interesantes de lo que para mí podría ser una verdadera obra de arte; sin embargo estaba seguro de lo que parecía ser una curva aquí y allá, un mechón de cabello, el lado de un culo y por que no, un pecho prominente.

Otro detalle de la pintura era una mancha en forma de lo que para mí era un simple “borrón” en la esquina inferior izquierda del cuadro, que se extendía hacía arriba y a la derecha, y sobre la que se podía leer el nombre del pintor que había truncado mi satisfacción y probablemente la satisfacción de algún otro mirón malpensado cansado de ver lindos paisajes. Varias personas pasaron frente al cuadro sin detenerse por mucho, hablando en una jerga que yo difícilmente podía entender de la magnificencia de las pinturas que se exhibían ese día y del exquisito gusto del pintor, mientras yo no solo me rompía el coco por entender los cuadros, sino además el vocabulario de los ahí presentes.

- Condenado Camenhu, si te tuviera en frente te rompería la cara por imbécil. –Me dije a mi mismo–
Las demás personas fueron retirándose una a una para seguir “admirando” el resto de la exposición. Eché un vistazo a mi izquierda y pude ver en un rincón a un hombre que sin duda para mí debía ser el tal Camenhu. El solo verlo me hizo odiarlo más; era un hombre alto, vestido con una camiseta de rayas horizontales, chaqueta y pantalón de lino, zapatos de material, llevaba lentes oscuros a pesar de estar adentro, el cabello largo y recogido, una barba pequeña y puntiaguda como la de un chivo, hablaba con un raro acento extranjero y era asaltado por cinco o seis personas más que parecían interesadas. Volví mi mirada al cuadro para echarle un último vistazo y maldije al tipo una vez más en silencio. En ese momento una chica muy atractiva se paró a mi lado para mirar el cuadro.

Era una mujer un poco mayor que yo que todavía era un crío, pude calcular que tenía entre unos veinte y muchos y treinta y pocos años. Tenía un rostro con unos rasgos delicados y bellos, sus labios carnosos pintados con un labial de color rosa claro y sus ojos oscuros detrás de unos lentes a los que apenas si se les podía notar el marco, me inspiraban pensamientos obscenos. Llevaba puesto un vestido de color gris oscuro, una falda apretada que llegaba un poco más arriba de las rodillas y que le demarcaba muy bien las curvas de su cintura y las caderas perfectas, una chaqueta de manga larga que le daba un aire de alta ejecutiva. Sus piernas hermosas y largas enfundadas en un velo canela, estaban paradas sobre unos tacones negros que me parecían extravagantemente altos. El cabello de color castaño y que hacía juego con el color bronceado de su piel, lo llevaba recogido en una cola. Una blusa de color blanco impecable con el primer botón suelto dejaba ver el inicio de lo que parecía ser el camino al paraíso, formado por dos pechos grandes y orgullosos que parecían mirar hacía arriba sin hacer caso de la gravedad. En la muñeca izquierda un pequeño reloj de color de plata (si es que no era plata misma), en las manos una pluma fuente como la que utilizaba mi abuelo para firmar sus documentos y una pequeña libreta de un material que parecía ser cuero, quizá un detalle que no hacía ningún juego con su apariencia era la venda que llevaba en la mano derecha .

- ¿Te gusta? –Me preguntó ella con una voz suave y firme, que no me dejó duda de que se trataba de la jefa de alguna importante oficina–
Miré hacia todos lados, tratando de encontrar a alguien más, dudando de que se dirigiera a mí; ella repitió la pregunta, con una sonrisa en sus labios, y añadió:
- Si, estoy hablando contigo.
Yo, que para ese momento me sentía como un mosco aplastado sobre una pared blanca tartamudee al decir un reforzado “si” que me salió de la garganta como un gemido, tratando de acomodarme lo mejor posible la camisa de cuadros azules que llevaba desabotonada, sobre una camiseta que cuando nueva era blanca pero que ahora tenía un color algo dudoso. Recordé los horribles jean’s rotos y descoloridos que me había puesto justo ese día, los zapatos de tipo tenis que empezaban a romperse, sucios y de cordones sueltos, las manillas de colores que llevaba en la muñeca derecha y el pelo que sin duda estaba peor que un gato después de encontrarse con un perro en la calle.

- ¿En serio? –Insistió ella con una sonrisa y ladeando un poco el rostro–

A lo que solo respondí con una sarta de idioteces entre titubeos y tartamudeos, tratando de hacerme el interesante, imitando lo que había escuchado de las demás personas en la galería.

- Claro, es una obra de arte contemporáneo que refleja muy bien los deseos del autor, reprimidos por una sociedad de consumo que hace gala de una doble moral repleta de tabúes religiosos, culturales, sociales y morales –Dije yo que no entendía un comino de lo que de mi propia boca se acababa de escapar–

Ella me miró levantando una ceja, rió divertida y me dijo en tono de broma:

- No pensé que alguien como tu fuera tan sensible y todo un erudito en temas de arte.

En ese momento solo deseaba que la tierra se abriera y me tragara, era plenamente consciente del ridículo que estaba haciendo, sudaba frío, las manos me temblaban, sentía como se me subían los colores al rostro y mis piernas se desvanecían a causa de la vergüenza.

- ¿Sabes? –Me dijo ella mirando el retrato con gesto grave– A mi este cuadro no me gusta para nada y pienso que podría ser mucho mejor si tuviera menos colores bonitos y dejara ver alguna imagen un poco más mundana.

Yo, que miraba nuevamente con desilusión el cuadro, tomé valor para hablar de nuevo y le dije:

- Es cierto, no se que diablos haya estado pensando el imbécil que pintó esta mierda, pero la verdad es que yo no entiendo un comino de “las obras de arte” que hay aquí. Entré porque no tenía nada mejor que hacer con mi tiempo y mi dinero; la verdad jamás había estado en un galería o una exposición de arte; es más, jamás me había detenido a mirar una pintura en toda mi  vida y me detuve a mirar solo porque creí ver que en el fondo había algo parecido a una chica desnuda; pero, me sentiría mucho más cómodo si estuviera en este momento con una cerveza y comida en la mano.

- ¿Una chica desnuda?, -Dijo ella con una sonrisa maliciosa- Tienes gran imaginación, porque yo solo veo un montón de manchas de colores.
- Tal vez veo lo que quiero ver, además no soy "experto" -dije yo haciendo las comillas con los dedos- o tal vez es que ese tal Camenhu es un sádico al que le gusta jugar con las hormonas de los demás y lo he pillado.
- Ella soltó una suave carcajada que trató de disimular con su pequeña libreta, me extendió la mano y me dijo:
- Carolina, mi nombre es Carolina y estoy encantada de conocerte, me encanta que dices lo que piensas sin miedo de quedar en ridículo.
Yo, un poco más confiado, aunque no sabía a ciencia cierta si me estaba halagando o burlándose de mí, le tendí la mano y le dije mi nombre, noté que a pesar de la venda me apretó con fuerza, pensé en besarle los nudillos, pero caí en cuenta de que hubiera parecido demasiado fingido y ya que al parecer a le gustaba mi actitud descomplicada y mi franqueza le solté la mano para que no notara que estaba excitado con solo tenerla al lado.
- ¿Y qué te trae, por aquí?, no te ves muy a gusto. –Preguntó ella mirando de nuevo la pintura, llevándose la pluma a la boca como quien trata de encontrarle forma a algo que no la tiene–
- No lo sé –Le dije– ¿curiosidad tal vez?, tal vez las ganas de olvidar...

Ella que notó mi cambio de tono, frunció el ceño y me preguntó:

- ¿Qué pasa, qué penas atormentan a un chico como tu?
- Una chica, Carolina, una chica desesperante… -Luego añadí ruborizado- ¿Te puedo llamar por tu nombre cierto?
- Si claro, no hay problema. –Dijo sin despegar los ojos del cuadro, luego añadió- Parece que nosotras somos las culpables de la mayoría de problemas que los atormentan a ustedes ¿No es así?
- A veces, otras veces nos metemos en problemas solos.
- ¿Y por eso andas metiéndote donde no estás cómodo y alucinas con ver chicas desnudas por todas partes? -Preguntó ella levantando una ceja-
- No, no piense mal, -Dije yo mientras se me subían de nuevo los colores al rostro- tampoco soy un morboso degenerado que solo piensa en ver chicas desnudas; es solo que hoy no quería hacer lo mismo de siempre. Eso no funciona ¿Sabe?, no ha funcionado nunca y no va a funcionar jamás; y lo de la chica desnuda en la pintura... bueno, fue solo algo que me pareció. Pero cuénteme, ¿Usted si se siente cómoda en un sitio como este?
- Para nada, a mi también me gustan las cosas mucho más descomplicadas y sencillas.
- Y entonces... ¿Por qué está aquí?
- Porque se supone que deba estar.
- ¿Y eso a que se debe?
- No sería una pintora muy respetable, si no estuviera el primer día de exposición de mi obra ¿O si? –Dijo ella buscando mis ojos con los suyos mientras un encantador y pícaro gesto se marcaba en sus labios–
Creo que en ese momento abrí los ojos más que las puertas de una iglesia en semana santa, creo que me puse de un color pálido como una hoja de papel, mientras ella disfrutaba con cada una de mis expresiones. Otra vez deseaba que la tierra me tragase y solo atiné a refutar entre un tartamudeo que a ella parecía divertirla más:
- Pe, Pe… Pero el pintor es un tal...
- Camenhu -Completó ella- esa es la abreviatura de Carolina Méndez Hurtado, es un seudónimo, una palabra que se utiliza para reemplazar el nombre; pero no te preocupes para mí es preferible escuchar una opinión sincera de lo que hago y no los elogios fingidos de un montón de idiotas que creen que son capaces de definir el arte al derecho y al revés. Además debo admitir que aunque creí que esta sería mi obra maestra, terminé arruinándola y ahora al igual que tu la detesto, aunque a los demás les encante.

- Pero entonces; si es una chica… la chica desnuda del fondo…
- Soy yo. –Respondió ella tranquilamente–
- ¿Por eso tapaste la pintura con esas manchas de color? ¿vergüenza?
- No, esa no era la idea y la verdad, vergüenza no es una palabra para mí. Cuando empecé puse mi cámara de fotografiar sobre un trípode y la programé para tomarme una foto, así podría utilizarla como modelo. –Dudó por un momento y me preguntó- ¿Puedo contarte un secreto?
- Claro –Respondí yo que estaba más que excitado de solo pensar que aquella chica anduviera por ahí tomándose fotos desnuda para después pintarlas sobre una tela–
- Cuando pinté el cuadro, este me mostraba desnuda sobre el sillón tal cual como puedes imaginar la foto en este momento; pero por algún motivo me parecía que no tenía vida, algo le faltaba, decepcionada me paré para ir por un vaso de agua a la cocina y regresé para ver como podía arreglarlo, darle los últimos toques antes que terminara de secar. Tenía la paleta de colores en la mano izquierda y justo en ese momento me tropecé con algo que había dejado tirado en el suelo, me fui de bruces sobre el cuadro por lo que terminé poniendo la paleta de frente sobre el lienzo y derramando lo que quedaba de mi vaso de agua sobre el mismo, seguí derecho y fui a parar al suelo con el caballete cuya pata de atrás se destrozó en tres pedazos. 

Al levantarme, vi que me había cortado la mano -Dijo ella mirándose la venda-, el cuadro estaba arruinado por lo que enfadada terminé de regar la pintura fresca en todas direcciones y el resultado es lo que ves en esta sala  bajo el nombre de “autorretrato de un accidente de trabajo”, -Dijo finalmente en un suspiro y añadió- aunque nunca pensé que alguien pudiera descifrar de qué se trataba.

- No es cierto –Le dije– Me estás tomando el pelo.
- Es cierto –Me dijo riendo, dándose la vuelta y marchándose mientras yo me quedaba embelesado en su lindo culo que se contoneaba de un lado a otro al ritmo de sus pasos– Tú y todos los demás aquí presentes pagaron una costosa boleta a la entrada; solo para ver como una chica torpe y colérica derramó la pintura.

Mayo de 2010

lunes, 26 de enero de 2015

Compañía Inseparable

Estaba sentado en el bar con una cerveza en la mano y un par más en la cabeza, los rostros alrededor eran los mismos de siempre que bebían y comían como cada fin de semana, ella estaba conmigo, sentada a mí lado, fiel, sin decir palabra alguna, mirando a su alrededor con su mirada triste y tímida. La oscuridad del lugar, contrastaba perfectamente con las luces expedidas por las pantallas que proyectaban los vídeos de cada canción y con la palidez de su rostro. Ya llevábamos un buen rato sentados en esa mesa bebiendo los dos solos en silencio sin que nadie nos interrumpiera, yo escuchaba cada canción con especial cuidado sin preocuparme mucho de la presencia de mi compañera. De pronto vi entrar en el sitio a un grupo de viejos amigos con los que hacía mucho que no compartía un buen momento, lo que no me generó menos que una sonrisa de satisfacción.

Hice una seña con la mano y les indiqué los dos asientos vacíos junto a nosotros, mis amigos se emocionaron al verme y me saludaron efusivamente, se sentaron a mi mesa y les invité unas cervezas; mientras mi compañera no podía disimular su incomodidad; Me tomó fuerte por el brazo y se recostó en mi hombro como si algo le molestara profundamente pero aún en ese momento no dijo nada. Conversé por largo rato con los chicos, entre el ruido de la música y los tragos, las risas y las viejas historias tratábamos de recuperar el tiempo perdido, pero muchas cosas habían cambiado, ya nada era como antes. Tras cada broma, tras cada comentario, tras cada risa, tras cada recuerdo; quedaba en la mesa un silencio incómodo cubierto solo por la música de fondo mientras a mí me quedaba un sinsabor difícil de entender, todos eran recuerdos muy lejanos y tal vez todos habíamos cambiado tanto que por más que nos esforzáramos no lográbamos ser los mismos de antes.

Inevitablemente llegó ese momento en el que ya no había nada más de que hablar, en el que la única compañía que deseaba tener era la de aquella mujer silenciosa a mi lado recostada en mi hombro, el único ser que verdaderamente había estado siempre conmigo, siempre ahí, en las buenas y en las malas, la única capaz de comprenderme, la única que me había acompañado en mis noches de tristeza, en mis viajes por los lugares más remotos, la única que había estado a mi lado cuando se me habían ocurrido las más locas ideas, la única que había estado conmigo cuando me disponía a llevar a cabo mis más disparatados proyectos.

Ella silenciosa y fría como siempre, se aferraba a mí de la misma forma en que yo me había aferrado a ella en tantas ocasiones; estaba incómoda y de esa forma me lo hacía saber. Nuestra relación había sido rara desde el principio, yo la buscaba siempre que podía, cuando estaba más feliz, cuando estaba triste, cuando las cosas no me salían como quería o cuando había triunfado, la buscaba furtivamente para disfrutar de su presencia, para disfrutar de su compañía, para contarle de mis amores y mis desengaños, para reír y llorar recostado en su regazo mientras ella tiernamente me escuchaba y me consolaba.

Fue así como decidí hacerle caso a sus gestos silenciosos y despedirme de mis amigos con un fuerte abrazo y promesas de volver a vernos aunque estas nunca se cumplieran. La tomé de la mano, pagué la cuenta y juntos salimos del lugar sin pensar en nada más. Salimos a la calle y caminamos un corto trayecto buscando la parada de un taxi. En un momento de nuestra espera empezó a brisar suavemente, pero ella continuaba a mi lado sin quejarse, continuaba ahí parada inmutable sin decir nada, sin tratar de cubrirse, ni molestarse a pesar de la lluvia.

Siempre había sido así, siempre había estado ahí,  a mi lado, nunca me había abandonado aunque me encontrara con muchas más personas, aunque en mucha ocasiones tratase de ignorarla. No siempre me había sido tan agradable su compañía, recuerdo que al principio me molestaba, me desagradaba que me siguiera para todas partes, en un principio me fastidiaba, llegué a quejarme de su presencia e incluso llegué a odiarla. Recuerdo que muchas veces Intenté dejarla, intenté deshacerme de ella, intenté abandonarla y no volver a estar a su lado jamás; pero con el paso del tiempo descubrí que eso para mí era imposible, que la necesitaba y que aunque quisiera no podría separarme de ella porque gran parte de mi felicidad dependía de su inseparable compañía.

Tomamos el taxi y le di al conductor la dirección de mi casa, este me miró por el retrovisor sin decir nada y encendió la marcha. Además del conductor silencioso que no nos prestaba mayor atención y el viejo radio que murmuraba una canción, no había nadie más que interrumpiera nuestra tranquilidad en aquel cajón incómodo y antiguo, que se movía lentamente por las calles de la ciudad, no había nadie que perturbara la felicidad que sentía al estar con ella. Me recosté en su regazo y me quedé en silencio disfrutando del placer sencillo de estar ahí, nada parecía poder perturbar aquel mágico momento. Reaccioné de nuevo cuando estábamos a punto de llegar a mi casa, le hice la para al conductor, le pagué y recibí el cambio que me puse en el bolsillo casi sin mirar, bajamos del taxi sin prisa aunque ahora llovía más fuerte. El conductor inició la marcha sin esperar a que entráramos en casa. Mi compañera y yo corrimos juntos los metros que hacían falta hasta la puerta tomados de la mano, no sin poder evitar mojarnos. Cuando entramos y cerramos la puerta estábamos entrapados de pies a cabeza, situación que más allá de molestarnos nos causó una risa incontenible.

Nos quitamos la ropa lenta y mutuamente entre coqueteos, abrazos y caricias, en la comodidad y la calidez de mi hogar, nos secamos el cuerpo, tomamos un café caliente y nos metimos en la cama, para resguardarnos del frío de la noche. Una vez más me regocijé con su presencia, hice lo posible por mirarla a los ojos en la oscuridad de la noche, ella me atrapó entre sus brazos y me apoyó contra su pecho desnudo, por lo que sentí perfectamente la frescura de su piel. Después de un rato de disfrutar del contacto de su cuerpo y el fresco aliento de su silencio, sentí que el mundo se me venía encima y tuve mucho miedo de perderla, me sentí como un niño indefenso; por lo que le dije con lágrimas en los ojos, apretándola contra mi cuerpo y aferrándome a ella con todas mis fuerzas:

- Tu sabes que has sido siempre mi compañera de andanzas, siempre me has consolado en mis tristezas y me has aconsejado en los momentos más difíciles, no soportaría perderte nunca, pero tengo una duda que me está matando; debo saber algo, necesito saber algo, ¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu nombre? Dímelo por favor.

A lo que ella tranquilamente respondió casi que rozando mis labios con los suyos, mientras me acariciaba suavemente el rostro y me apretaba entre sus brazos:

- ¿Por qué me preguntas eso? Tú lo sabes mejor que nadie, aunque te niegues a aceptarlo, además sabes que jamás te dejaré. Mi nombre; es Soledad.

Septiembre de 2010



sábado, 6 de diciembre de 2014

Damas que la rockearon

¡¡Ellas también rockean!!
Cuando hablamos de rock and roll estamos acostumbrados a pensar en tipos greñudos, tatuados, con jeans raídos, camisetas negras, chaquetas de cuero y gesto de mal cagar. Pero a veces también nos encontramos con damas que además de su formidable belleza demostraron un gran talento para tocar rock and roll. Hoy sábado y en vísperas de las celebraciones de fin de año vale la pena poner un poco el ambiente de fiesta recordando unos cuantos vídeos de damas con gran talento musical. Y aquí van ellas:

Empezamos con una dama que tiene mucha actitud, ella es Deborah Harry, con su banda Blondie tocó en el año 1979 esto que se llama "One way or another".


Ahora tenemos a Joan Jett y los Blackhearts, la canción "I love rock and roll" del año 1981, canción que años después sería recobrada por alguna cantante popera.

Desde el año 1993 tenemos a Linda Perry que llega preguntándonos "Whats up?" con su grupo 4 non blondes. 

En el año 1997 llega la hermosa Monique Powell con su banda Save Ferris y su cover de "Come On Eileen" de la banda Dexys Midnight Runers.

También en el año 1997 llega la popular y bella Gwen Steffany con su banda No Doubt, con una mezcla de rock, punk, ska, reggae y pop en una de sus canciones quizá no tan populares pero que cae bien para una mañana de domingo. Esto es precisamente "Sunday Morning"



Un año después (1998) llega la bella Nina Persson con los Cardigans. Con una voz que se debate entre lo dulce y lo sensual en contraste con el sonido rock and rollero repetitivo de fondo nos trae esto que se llama "My favourite game".

Feliz fin de semana y feliz inicio de vacaciones de fin de año.