martes, 7 de noviembre de 2017

La carta de despedida que nunca vas a leer

A diferencia tuya, yo no creo en religiones, supersticiones ni en los relatos fantásticos que nos enseñaron desde niños. Yo creo en lo probable, en las hipótesis de matemáticos, físicos cuánticos y otros científicos aunque no las entienda del todo. Por ello, para mí, pensar en el destino, en la vida eterna o en la resurrección de nuestras almas, resulta un tanto absurdo. Sin embargo, si puedo creer en multiversos, en realidades paralelas, en formas de vida más allá de nuestra vida, a través del espacio y el tiempo donde seres homólogos a ti y a mí, viven y se repiten infinitamente; en sus propias realidades, en sus propios mundos, en sus propios momentos y enfrentando sus propias decisiones.

Es esa creencia, que me lleva a pensar, que en algún lugar y en algún momento del multiverso, hay otra tú y hay otro yo, que se conocieron de la misma forma pero que mi yo no fue tan estúpido ni tu yo fue tan cobarde como lo fuimos nosotros. En algún lugar y en algún momento del multiverso hay otra tú y otro yo, que hoy viven juntos y felices. No sé si lo que creo es una realidad materializada o es solo la fantasía que me produce la resignación de que pases a mi lado de la mano de otro hombre, mientras yo abrazo a otra mujer, sin siquiera voltearnos a ver. Pero de ser así, lo único que te puedo garantizar es que mi alterego ama tanto al tuyo como yo te amo, te amé y te amaré por siempre.

Si mis creencias son ciertas, brindo por ellos y por su felicidad. De no serlo, solo le pido a la vida que por favor se borre de mi mente y de la tuya, todo recuerdo del otro, que se borre todo rastro de habernos conocido, para quitarme el pensamiento de lo que pudo haber sido y no fue, porque ahora mismo, lamento mucho para ti estar muerto. Y no es que lamente haberte conocido, es solo que lo que tenías que enseñarme, ya me lo enseñaste, a partir de ahora podríamos prescindir de nuestro mutuo recuerdo. Al menos así, todo sería más fácil.

Adiós, te deseo lo mejor. Que la vida, el universo y Dios, cualquiera que sea la concepción que tengas de él, te bendigan siempre.







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