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lunes, 17 de agosto de 2015

Jueves 19 de Agosto de 2010, Antes del medio día.

Jueves 19 de Agosto de 2010, Antes del medio día.

Anoche me acosté recordando las últimas palabras del demonio. Al levantarme esta mañana descubrí que el espejo ya no se encontraba en su lugar y que la sábana con que lo había cubierto, estaba guardada y doblada en su sitio habitual. Sentía como si solo hubieran transcurrido unas horas desde que me acosté después de llegar de mi viaje. Tuve un dolor de cabeza terrible toda la mañana, pero aun así quise organizar todos mis pensamientos antes de tomar cualquier decisión. Para despejar la mente me dediqué primero a organizar todo mi apartamento. Limpié la habitación y reorganicé mi cama y el computador al interior de esta ya que no quería tener más en la cabeza la habitación en la que había pasado tiempo dialogando con un demonio que creía cada vez menos real. Al terminar creí con más firmeza que todo lo sucedido había sido producto de alucinaciones y pesadillas, o al menos de eso trataba de convencerme a mí mismo, ya que no tenía forma de comprobar nada y todo lo ocurrido incluso la tarde y la noche anterior me parecía muy vago e irreal, aunque reconozco que todas mis extrañas experiencias y sueños han cambiado trascendentalmente mi forma de ver la vida. Lo único que me causa curiosidad es saber qué pasó con Laura, pero seguro eso lo averiguaré más tarde.

Seguí limpiando y cuando me disponía a empacar la basura de la papelera tropecé por accidente y regué todo su contenido. Al agacharme para recoger y empacar todo de nuevo, encontré entre los papeles viejos y los borradores de mis textos algo que me produjo una ligera sonrisa. Eran las colillas consumidas de los diez cigarrillos que me acompañaron en mi viaje de regreso y que fumé con tanta ansiedad el pasado fin de semana mientras me prometía en silencio que cada una de ellas sería la última de mí vida y junto a estas, un cigarrillo de filtro verde, casi entero, del cual se notaba que apenas si había sido encendido alguna vez.



Miércoles 18 de Agosto de 2010, Casi la media noche.

Miércoles 18 de Agosto de 2010, Casi la media noche.

Me había quedado ya dormido, con la luz de lámpara encendida, sentado en la cama con el diario a un lado. Soñaba con Laura, la veía sentada en lo que parecía la sala de espera de una terminal de transporte. De pronto se sentó junto a ella un hombre de algo más de treinta años, de cabellos rizados y rojizos, que llevaba lentes y con un donaire de altivez difícil de describir; pero tal vez, lo más extraño, eran los dos accesorios que llevaba consigo; uno era una pequeña llave de bronce como las de los baúles antiguos colgada al pecho con una delgada cadena de plata y el otro, un pequeño collar de cuentas azules que tenía enredado en su mano derecha.

El hombre estuvo hablándole durante algunos minutos, como si tratara de entablar conversación, aunque esta no le prestaba mayor atención; al final ella se levantó de su silla y pasó por mi lado sin verme. El hombre también se puso de pie, caminó y se paró justo frente a mí, mirándome a los ojos, mientras se dibujaba en sus labios una maquiavélica sonrisa. De repente, me despertó un aroma conocido y un ligero escalofrío que me corría por los pies hasta la corona de la cabeza.

– ¡Buena noche! 

Dijo el demonio que había vuelto a tomar la apariencia del joven distraído con la que se había presentado las primeras veces; estaba parado frente a la cama, entre el espejo y yo. Esta vez llevaba una camisa blanca de mangas largas, remangadas hasta la mitad del antebrazo, un pantalón azul oscuro y zapatos negros de material. Pero hubo dos detalles que no pude pasar por alto; la cadena con la llave colgados al cuello y el rosario en su mano derecha.

– Buenas noches –Respondí a regañadientes Sebastián–
– Esta vez no te voy a quitar mucho tiempo, bueno, de hecho como habrás notado ya, nunca te he quitado ni un minuto. Pero ahora, sólo he venido a despedirme, a librarte de mí indeseable presencia y la de mi espejo.
– Me persigues hasta en mis sueños y ahora me dices que te vas a ir… ¿Así nada más?
– ¿Acaso tienes algo más que preguntar?
– ¿Por qué me salvaste esta mañana? –Pregunté solo por preguntar algo–
– No seas ingenuo, con un arma descargada no te hubieran podido hacer daño. Si yo hubiera sabido que ibas a morir no habría intervenido, ya que no está entre mis deseos intervenir directamente en asuntos humanos. Pero tengo cosas mucho más interesantes que hacer, que apreciar el espectáculo patético de un sujeto borracho que cree ser superior a los demás.
– ¿Qué se siente morir? –Pregunté inquieto después de un momento–
– No, lo sé. Jamás estuve vivo.
Pensé por un instante en mi siguiente pregunta, miré al Demonio fijamente y le dije tratando de ignorar el nudo que tenía en la garganta:
– ¿Qué pasa con aquellos que no son lo suficientemente fuertes para enfrentar sus problemas, sucumben y se dejan rendir ante la solución aparentemente más fácil?
El Diablo que sabía exactamente lo que yo quería saber y el porqué de mi pregunta respondió con seriedad:
– Todos los seres humanos son capaces de sobrellevar cualquier situación, por difícil que esta parezca. Aquellos que se rinden y recurren al suicidio, simplemente toman la única decisión de la cual no se pueden arrepentir, porque una vez esto ha sucedido todos sus actos quedan consumados.
Medité nuevamente por un momento la respuesta del demonio y proseguí:
– ¿Podrías contarme algo acerca del fin del mundo? Ese es un tema del que debes conocer algo.
– Ustedes cada año encuentran una nueva teoría acerca de la destrucción del mundo. Pero debo admitir que tienen una imaginación maravillosa.
– ¿Entonces no son ciertas?
El diablo con un tono grave y serio respondió:
– Ustedes han inventado historias maravillosas acerca de este tema. Antiguas tribus indígenas y culturas milenarias, estafadores que dicen haber hablado con extraterrestres y muertos, alucinaciones de ladrones que fingen ser hechiceros y luego se burlan de su credulidad, las profecías de sujetos misántropos y deprimentes, que no tienen ningún fundamento, el principio y el fin de cada siglo o milenio, una guerra entre un hijo mío y el hijo de Dios, astros de tamaño gigantesco que sacarán de orbita su planeta, en fin. Aunque debo admitir; que al paso que van y con su forma de comportarse el fin de la raza humana sobre la tierra y la vida como ustedes la conocen va a ser un espectáculo digno de apreciar que no tardará mucho en suceder. Aunque yo mismo desconozco los detalles de ese suceso que tanto los atormenta.

Mientras decía lo anterior el Diablo paseaba la mirada por la habitación, como si tratara de prestar atención a cada detalle o como si tratara de ignorarme, mientras yo lo escuchaba palabra por palabra con la atención puesta en el espejo.

– Respóndeme otra cosa, ¿Qué querías mostrarle a Laura?
– Yo no quería mostrarle nada, ella por su propia cuenta ha visto lo que necesitaba ver.
– Me refiero a ¿Por qué querías que viera el espejo?

Eh… no, sólo me lo llevé para limpiarlo un poco –Dijo cínicamente el Diablo– Ya que tú no te has ocupado bien de él en los últimos días. En cuanto a la chica, vio lo que necesitaba, nada más. Así es con cada quien, aunque tal vez hubiera sido más cómodo para ti que te hubiera hablado un poco más al respecto. Debe ser muy molesto pensar que te estas volviendo loco. Debe ser muy frustrante para ti no saber si yo me he presentado también ante ella o lo que te dijo fue solo un comentario suelto de su parte.

– Si, Lo es… es una sensación muy desagradable y al parecer tú lo disfrutas mucho.
– Despreocúpate, esto terminará muy pronto.
– ¿Por qué vino a buscarme precisamente a mí?
– ¿Quién, Laura? No lo sé. Creo que ella te ha dado ya esa respuesta. ¿No?
– ¿Acaso el que viniera fue obra tuya? Debes haber estado viendo todo y disfrutando con el sufrimiento de esa pobre muchacha.
– Es posible que sí, es posible que no. Eso ya no importa.
– ¿Y qué pensabas? ¿Atormentarme más con su presencia? ¿O acaso querías saber, si me iba a aprovechar de la situación?, si es así, lamento decepcionarte. Tal vez los seres humanos no somos tan corruptos como tú crees.
– No. Si ella vino fue por su propia decisión no porque yo la hubiera obligado a eso. Tal vez hubieras podido pasar un rato agradable con la chica, no lo niego, eso te hubiera distraído un poco –Luego se soltó a las carcajadas– No, no es cierto, sé muy bien que no deshonrarías tus hábitos solo por tener a una chica sola en tu habitación, no sé porque ustedes los seres humanos tienen que ser tan malpensados y prevenidos siempre; sobre todo los más mojigatos que andan buscando el pecado en todas partes. Pero creo que notaste que ustedes son los peores verdugos de sus almas y victimas de sí mismos, mientras cada uno vive creyendo que su cruz es la más grande de todas. Se lo que has estado pensando, pero nadie te creería si intentaras demostrar que me has conocido y que te he dicho lo que te he dicho, incluso el padre Samuel teme por tu salud mental aunque te lo niegue.
En cuanto a la chica, no puedes ayudarla más de lo que hiciste hoy. Es inútil que intentes buscarla o preguntarle de nuevo por qué te buscó precisamente a ti para confesarse, si también me ha visto, o si sabe lo que ha ocurrido aquí; pues a esta misma hora debe ir en un bus rumbo a otra parte, lejos de esta ciudad, y aún si lograras encontrarla no necesita nada de ti y no creo que quiera recordar nada de lo que ha vivido en esta ciudad.
– Si. Yo la he visto en la terminal de transportes… A tu lado… En mi sueño…
– No le prestes atención a eso; tú lo has dicho… Ha sido solo un sueño –Decía el demonio mientras me guiñaba un ojo–
Noté el tono de doble intención en las palabras del demonio pero decidí no preguntarle nada más al respecto. Luego le pregunté:
– ¿Qué me aconsejas entonces? ¿Acaso no sirvo para ser sacerdote? Es obvio que aún tengo demasiadas dudas acerca de lo que yo mismo predico y que ni siquiera fui capaz de brindarle mi ayuda a alguien que la necesita urgentemente, ni evitar que cometiera una locura. Y lo peor, es que ahora estoy tan aturdido que tampoco me interesa hacerlo.
– Yo no te aconsejo nada; a mí no me importan tus cosas, ya te he dicho varias veces que en mí no puedes confiar. Por mí, puedes hacer lo que se te venga en gana, pero no me sorprendería que abandonases tu profesión, tu vida y tus ganas de ayudar a los demás sólo por lo que has oído y visto los últimos días. En cuanto a Laura, está confundida, al igual que tú, como la mayoría de ustedes por no decir todos lo están. Sus sentimientos van en contra vía a sus pensamientos, sus palabras los contradicen y sus acciones no tienen sentido ni fundamento. Pero ni tú ni yo somos quienes para juzgar eso.
– Un momento –Me detuve para preguntar– Hay algo que no me queda claro, si jamás has estado vivo como es que puedes describir que se siente el hecho de que entre aire en tus pulmones o… el sexo.
– Eso es algo que nunca sabrás. Ya te lo dije, yo soy el Diablo y me doy mis mañas –Dijo el Diablo sonriendo de nuevo–
– Aja… –Inquirí con incredulidad–
– Es simple; si el sexo no fuera una sensación maravillosa ustedes los seres humanos no lo disfrutarían tanto ¿No crees?. En cuanto a lo que te entre aire en los pulmones te puedo decir que también he podido observar los rostros de desesperación de muchos al ahogarse. Es un espectáculo sencillamente interesante.

En ese momento el desagradable aroma del Diablo se hizo imperceptible por unos instantes, y sentí como si el tiempo se hubiera detenido por completo, como si me encontrará solo en el infinito, la respiración me faltaba y me sentía caer en un abismo interminable.

– Está bien –Exclamé moviendo mis brazos y piernas desesperadamente, tratando de recuperar la respiración–
Dudé por un momento de la veracidad de lo que acababa de escuchar, pensé que era solo un juego más del despreciable demonio por lo que preferí olvidar el asunto. Luego agregué:
– Antes me dijiste que mediante la oración y el arrepentimiento podemos salvarnos y salvar a otros.
– Si, mientras esos otros también se arrepientan de sus pecados.
– Alguna vez has intentado salvarte a ti mismo.
– Ya te dije que no puedo.
– ¿Sientes resentimiento con la raza humana por eso?
– No sabría responderte. Aunque si sé que ustedes son muy afortunados y alguna vez quise ser como ustedes. Además he demostrado en innumerable cantidad de ocasiones que ustedes no se el maravilloso don que tienen.
– Tu solo eres un pobre Diablo resentido. Un ser solitario y reprimido devorado por la envidia. –Le respondí–

Al oír esto, los ojos del demonio se iluminaron de un color verde, como el de las fieras cuando se encuentran en la oscuridad y se podía escuchar claramente como al hablar no salían de su boca una; sino varias voces a coro perfecto:

– No seas atrevido, recuerda que yo sigo siendo el Demonio. Tú no conoces mis errores.
Como muy pocas veces desde que se había presentado el domingo en mi habitación, no se le veía sonreír irónicamente y el intenso frío se había transformado en un sofocante calor, que me hacía sudar y me ahogaba nuevamente, pero que no me causaba miedo, ya que se asemejaba mucho más a la imagen que había tenido durante toda mi vida del demonio. Además; por vez primera, sentía que tenía el control de la conversación.
– ¿Y si alguien orara por tu alma? –Pregunté haciendo un esfuerzo–
– Deja de hablar sandeces –Replicó el Demonio– ¿Quién y por qué razón haría eso?
– ¿Y si yo orara por tu alma?

La habitación se silenció nuevamente y el rostro del Demonio reveló un gesto de tristeza que no había mostrado antes. Luego asumió una actitud severa, soberbia y respondió:

– Mejor dedícate a salvar tu propia alma porque para salvar la mía necesitarías que yo me arrepintiera de mis pecados y ya te he dicho que eso es imposible.
– Tu mismo lo has dicho, somos los únicos seres con el don para salvar a otros.
– Pero nadie te ha pedido ayuda –Replicó el demonio–. No sé por qué ustedes los seres humanos se creen con la autoridad suficiente para sentir lastima por los demás.
– Está bien… Si esa es tu respuesta entonces no puedo hacer nada por ti. Pero respóndeme algo más ¿Cuál es el secreto para hallar la paz que tanto buscamos?, Tú debes conocerlo ¿No es así?, tú mejor que nadie debes saber que incluso para nosotros los seres humanos no es fácil corregir nuestros errores.
– Es muy sencillo, –Dijo el Diablo en un tono más indiferente– Ya que eso no es ningún secreto para nadie, aun así es algo que debes descubrir por tu propia cuenta, ya que toda la sabiduría del mundo no es suficiente para hacerte ver lo que se encuentra ante tus ojos. Pero al final, solo es una pérdida de tiempo el hecho de que te preocupes por eso.
– ¿A qué te refieres?
– A que al fin de cuentas, tú sigues siendo un humano como todos los demás, así que no creo que nada cambie; con el paso de los días terminaras haciendo lo que se te venga en gana, olvidarás mis palabras e incluso volverás a fumar, jurándote a ti mismo en silencio que ese será “tu último cigarrillo”. Su falta de fe les impide cambiar, a pesar de sus buenas intenciones; así que no tiene caso que te preocupes –Dijo finalmente entre dientes y con la mirada baja sin atreverse a enfrentar a Sebastián–

Hizo una pausa por un momento, sacó de su bolsillo derecho un pequeño reloj lo abrió y dijo: 

– ¡Ya es hora!, creo que por ahora no tendrás que volver a verme o al menos no mientras estés vivo.
– Entonces, ¿Aquí termina todo, así termina esta historia?
– Claro que no. Esta historia, la historia de tu vida continuará escribiéndose mañana, pasado mañana y el día después; con cada cosa que hagas, cada decisión que tomes y cada pensamiento que tengas; Pero, ahora debo irme, ya que no creo que tengas nada más que preguntar; así que la entrevista ha terminado. Mañana, los sucesos ocurridos los últimos días solo serán una parte de tu historia como tú la llamas; un capítulo más en tu vida.

Se giró en dirección al espejo y preguntó por última vez:

– ¿Alguna peleaste con tus padres?, una pelea tan fuerte que haya sido muy difícil de reconciliar.

Medité por un momento su pregunta y respondí:

– Si, fue un poco antes de entrar al seminario.
– Ya... bueno, a todos los seres nos pasan cosas similares. A veces tenemos peleas tan fuertes con alguien que son imposibles de perdonar.
– ¿Te peleaste con Él?, es decir, con ¿te peleaste con Dios... –Me aventuré a preguntar y añadí– ...y no te lo perdonó o nunca le perdonaste?
– Deberías haber entendido ya que para que otros te perdonen primero tienes que perdonarte a ti mismo y yo, como te lo he venido diciendo, no tengo esa capacidad.

Diciendo esto, despidió nuevamente con una seña de mano y cruzó por el espejo como lo había hecho en la ocasión anterior.

Intenté preguntarle que iba a pasar con el espejo pero el Diablo no respondió. Después de permanecer sentado por unos instantes y comprender que él no iba a regresar más, me limité a cubrir el espejo con la misma sábana blanca de la otra vez. Acabo de escribir esto pero me siento más tranquilo, creo que ahora ya puedo dormir.




domingo, 16 de agosto de 2015

Miércoles 18 de agosto de 2010, en la noche

Miércoles 18 de agosto de 2010, en la noche

Este es tal vez uno de los días más extraños, de una serie de días extraños que parece que no acabará jamás. En la tarde, justo después de que cerrara mi diario, ha sonado mi teléfono, al contestar he escuchado la voz de la última persona a la que esperaba escuchar hoy. Era Laura, la sobrina del padre Samuel, la que sin darme mayor explicación me ha dicho que necesitaba un favor muy importante de parte mía y que se dirigía de inmediato para mi apartamento. Salí a la puerta para esperar su llegada y noté de inmediato que el espejo no estaba, lo que me hizo sentir un alivio pasajero; aunque aún me intrigaba su paradero. No pasaron más de cinco minutos hasta la llegada de Laura; le pregunté qué le pasaba y ella se limitó a responder que tenía algo que decirme, que si podía por favor pasar adentro. No sin dudarlo por un instante la invité a seguir y después de ofrecerle una silla y un vaso de agua le he pedí que me contara que le sucedía, temiendo de que le hubiera pasado algo al padre Samuel. A lo que ella se limitó a responder:

– Padre, necesito confesarme.

La petición de la muchacha no dejó de sorprenderme y de inmediato empecé a preguntar:

– ¿Confesarte? ¿Por qué?, ¿Acaso has hecho algo?
– ¿Qué, acaso tiene algo de malo?
– No pero… Me sorprende que hayas venido hasta aquí solo por…
– ¿Solo por eso? ¿Es que acaso una confesión no es algo muy importante?
– Si, lo es. Pero, ¿Por qué me has buscado a mí? ¿Y por qué con tanta impaciencia?
– Porque lo necesito, además usted es un sacerdote de Dios y no puede negarme ese sacramento.
– Si, tu tío es un sacerdote también, ¿Por qué no lo buscas a él?
– Porque hoy no me puede atender.
– ¿Y acaso es tan grave tu pecado que no podías esperar hasta mañana?
– Tal vez… Además él es mi tío, es parte de mi familia, lo que le voy a contar, prefiero contárselo a alguien que no tenga ningún lazo conmigo pero que sea de mi entera confianza y mi tío mismo me ha hablado muy bien de su persona; así que si el confía en usted, yo también. Además, no puedo evitar creer que él se va a sentir decepcionado de mí.
– Solo déjame hacerte una pregunta más.
– Diga usted padre.
– No creo que le hayas pedido mi teléfono y mi dirección a tu tío, ¿Quién te los dio?
– Fue Raúl.
– ¿Y él sabe lo que tienes que decirme?
– Apenas lo suficiente.
– Ese muchacho parece muy interesado en ti.
– Sí, es cierto, al igual que muchos más; pero, para mí no es más que un niño.
– Solo te pido que no le vayas a hacer daño ni a jugar con él, ya que no se lo merece, es un tanto ingenuo y excesivamente diligente, pero es una buena persona.
– Eso es algo que no puedo garantizar padre, ya que no puedo evitar dañar a todo el que se me acerca con o sin intención.

La muchacha prosiguió de inmediato con su confesión, la cual no escribiré en estas líneas ya que como sacerdote mi deber me lo impide y no puedo evitar tener ese sentimiento de que este diario alguna vez será leído por alguien. Lo que no puedo ocultar es que la confesión de la muchacha me impactó bastante, pero lo peor, ha sido su actitud, ya que no ha derramado una sola lagrima, no ha dudó, no titubeó ni un segundo para decirme lo que me estaba diciendo; a pesar de la gravedad de su situación. Al final, después de asignarle su penitencia, de aconsejarla y antes de marcharse se ha limitó a preguntarme.

– Padre, no he podido evitar notar su preocupación, cuando llegué ¿Le pasa algo acaso?
– No. No es nada, es solo que pensé que pudiera haberle sucedido algo a tu tío –Dije yo esquivando su mirada–
– Ah, no, no se preocupe, él está bien; ¿Sabe? Algo extraño me sucedió al venir hacía acá, algo como una premonición…
– ¿Una premonición?
– Si es algo sin importancia, no tiene nada que ver con lo que le he contado, pero al salir de casa, antes de llamarlo me topé con un sujeto… un sujeto con un espejo en la calle y…
– ¿Un espejo?
– Si. Un espejo, al tipo no lo detalle bien; pero, es extraño, porque al pasar frente al espejo pude ver mi imagen reflejada en él y la sensación que sentí fue bastante extraña y desagradable.
– ¿Qué sensación te causo? –Pregunté yo intrigado–
– Como le digo no es nada importante, de hecho fue sólo un instante, pero… Jamás me había sentido tan identificada con mi reflejo, al mismo tiempo que sentía mucho asco y lástima por la chica al otro lado del espejo. Tal vez sea que ese es el sentimiento que genero entre las demás personas y tal vez me lo merezca –Afirmó ella sonriendo con amargura– Pero no me siento a gusto con eso. Igual no puedo hacer nada para remediarlo ¿No? Adiós padre Muchas gracias por todo. –Dijo finalmente, poniéndose de pie–
– Adiós Laura, que el señor te bendiga.

No fui capaz de decirle nada más, ni siquiera de darle consuelo, tal vez porque yo mismo no puedo evitar juzgarla a pesar de mi posición como sacerdote, tal vez porque ni siquiera yo estoy seguro de lo que siento por mí mismo o tal vez porque como el Diablo me dijo; los seres humanos somos egoístas y no puedo dejar de pensar en mi propio dilema. Hace media hora salí a la calle solo para comprobar que el espejo maldito se encontraba de nuevo ahí como ya lo temía, razón por la cual, después de mucho esfuerzo, lo he vuelto a entrar y a poner en su lugar original junto a la ventana. Ahora me encuentro sentado en mi cama esperando de nuevo la visita del demonio.




sábado, 15 de agosto de 2015

Miércoles 18 de agosto de 2010

Miércoles 18 de agosto de 2010

Esta mañana me levanté temprano nuevamente. Estaba revisando mis papeles y leyendo la biblia, cuando escuché un fuerte impacto en la calle. Me asomé por la ventana para ver a un hombre que bajaba de un auto rojo casi que de último modelo con el parachoques, el capó todos dañados y el parabrisas vuelto añicos; frente al carro una motocicleta con la parte delantera destruida y sobre el capó del mismo el conductor de la moto que había chocado contra el parabrisas con su casco e intentaba bajarse medio borracho por el golpe.

Salí de inmediato a la calle amarrándome mi bata de baño. Cuando abrí la puerta lo primero que vi fue el enorme espejo junto a ella y junto a este, sentado un hombre negro como el azabache, con un gorro tejido de hilo de franjas negras, amarillas, verdes y rojas. Unas enmarañadas trenzas que le llegaban casi hasta el pecho le salían del gorro abultado, llevaba una espesa y desordenada barba, una ancha camiseta verde de cuello rojo con la foto de un famoso cantante de música caribeña pintada en el pecho, un pantalón corto blanco que apenas si le alcanzaba a cubrir las rodillas, una delgada manilla de hilo en el tobillo izquierdo y los zapatos deslustrados y sin medias. El hombre al verme salir me saludó con un “Buen día, sacerdote” haciendo una enorme y exagerada sonrisa que dejaba ver el incisivo superior izquierdo de oro. No le respondí y me dirigí de inmediato hacia los dos tipos del accidente.

El conductor del automóvil sacó de la parte de atrás de la pretina de su pantalón un pistolón que me erizó los pelos y le apuntó al hombre de la moto que seguía todavía aturdido mientras le preguntaba con una sarta de groserías, ¿Que quería? o si acaso eso era un atraco a lo que el otro simplemente respondía: 

– Tranquilo, cálmese por favor –Retrocediendo dos pasos y levantando los brazos–

Yo me puse en el medio de los dos estirando mi brazo izquierdo hacia el hombre del pistolón y abriendo completamente la mano mientras con la otra me sostenía la bata de baño que no me había acabado de amarrar bien, diciéndole:

– Cálmese hombre. Esto no ha sido nada más que un accidente, no hay porque alterarse.
– Quítate de ahí, sapo que el problema no es con vos –Respondió el patán visiblemente ebrio, además de una cantidad de groserías que ya no recuerdo–
Cuando de no sé dónde se acercó el negro, que le echó mano al arma por el cañón con la mano izquierda mientras lo dirigía hacia el cielo con un mínimo esfuerzo y decía:
– Ya te dijo el padrecito que te calmaras –mientras sonreía de nuevo para dejar ver el brillante diente de oro–

El hombre conductor del automóvil intentó poner resistencia por un momento a que le quitaran el arma pero fue inútil, como si fuera un niño pequeño forcejeando con un físico–culturista. A lo que el sonriente negro repitió:

– Que te calmes, te dije.

Mientras el hombre del arma caía desvanecido, inconsciente al suelo, blanqueando los ojos y soltando el arma con la que nos había apuntado. El hombre de la motocicleta se acercó de nuevo para decir:

– Muchas gracias, ese tipo parece poseído por el mismísimo patas 
– Claro, ¡todo yo! –Farfulló el negro–
– ¿Cómo dijo? –Preguntó el motociclista–.
– No, de nada –Respondió el negro– 
– Si ustedes no me ayudan ¡Me mata! Además de que iba en sentido contrario el muy hijo de puta.
– Aquí tiene –Dijo el negro ignorándolo, mientras le entregaba el arma al pobre hombre–

El hombre la recibió confundido casi sin saber qué hacer con ella y luego hizo un comentario que no dejó de parecerme molesto:

– Que raro, huele como a flores; a flores y algo más, es como…
– Si. ¡Es como sangre! –Interrumpí tajantemente–

En tanto llegaba la policía a aclarar todo el incidente me acerqué al demonio y le pregunté:

– ¿Qué quieres, por qué me persigues?
– Al menos agradéceme primero que te acabo de librar del loco del revólver –Respondió con su sardónica sonrisa– ¿Ni siquiera te interesa saber que aquel tipo se va a recuperar sin contratiempos?
– Esta bien, ¿Pero qué haces aquí?
– ¿Ves? Te dije que no te podías deshacer de él tan fácilmente. –Me dijo señalando el espejo–
– Claro que no y menos si te pasas el día ahí sentado y con esa facha, la gente lo ve y seguro piensa que es tuyo.
– No están tan errados después de todo, –Me dijo mientras sonreía maliciosamente– Solo quería decirte que esta noche me vas a ver por última vez.
– ¿Esta noche? ¿De qué hablas?
– Hablamos luego –Dijo–

Luego se marchó campante silbando por la calle con las manos en los bolsillos, mientras yo me quedaba ahí en bata de baño en la mitad de la calle observándolo alejarse.




jueves, 13 de agosto de 2015

Martes 17 de agosto de 2010

Martes 17 de agosto de 2010

Hoy me levanté temprano y lo primero que hice después de bañarme, vestirme y tomar un buen desayuno (ya que tenía un hambre terrible) fue sacar el diabólico espejo mi apartamento, lo puse en la calle junto a la entrada de la casa para que alguien se lo lleve de ahí, labor que cumplí no sin un esfuerzo más que agotador, es cierto, aunque no tengo muy buena forma sigo preguntándome ¿Cómo ese par de miserables podían moverlo como si este estuviera hecho de papel? Estuve pensando también que todo lo ocurrido no ha sido más que el producto de mi imaginación trastornada y he llamado a la empresa de correos nuevamente, aunque la respuesta ha sido la misma. Aunque sigo firme en que todo lo ocurrido está solo en mi cabeza, quise deshacerme del espejo que me atormenta tanto. Fui a almorzar al lugar donde suelo hacerlo normalmente y en la tarde me dirigí a la parroquia local para hablar de nuevo con el padre Samuel; nuestra conversación transcurrió de la siguiente forma después de los saludos de rigor:

– Padre Samuel necesito contarle algo, es muy grave.
– ¿Qué pasa? Me preocupas, cuéntame Sebastián.

De inmediato le conté toda la larga historia de lo que me ha sucedido y de mis sensaciones en el momento de vivirla, historia que el padre Samuel escuchó atentamente sin quitarme los ojos de encima y dándose bendiciones de vez en cuando. Después de un largo silencio me ha dicho mirando al suelo como quien busca las palabras correctas para decir lo indecible:

– Por lo que sé, todo lo que me cuentas puede ser cierto…
– ¿Cómo? –Le pregunté sorprendido ante tal respuesta–
– Si, –Prosiguió él– sea una aparición demoniaca o solo el producto de tu imaginación, todo lo que narras puede ser “la realidad” como la llama tu demonio, o incluso puede ser una revelación divina. Hay cosas a las que ni siquiera nosotros les podemos dar una explicación. Solo te puedo aconsejar algo…
– ¿Qué es? –Pregunté con impaciencia–
– No debes dejar que la duda invada tu fe en el Señor y en nuestra iglesia y te recomiendo que te deshagas de ese espejo cuanto antes.
– En eso estoy padre… Pero he pensado incluso en visitar un hospital mental –Admití con lágrimas en los ojos– Tal vez un medicamento o una valoración profesional puedan ayudarme.
– No debes apresurar decisiones, ni dejarte llevar por la desesperación, también es cierto que en Haití viste cosas horribles, tú sabes que siempre puedes contar conmigo que voy a hacer todo lo posible para ayudarte.
– Padre Samuel, necesito un favor más –Le dije–
– Dime Sebastián, lo que necesites –Respondió él, con mucha amabilidad– 
Vacilé por un momento hacerle mi petición hasta que al fin proseguí:
– Necesito dejar todo listo para un exorcismo.
– No, no Sebastián ya te he dicho que no debes tomar decisiones apresuradas.
– Solo es una precaución… Es que estoy aterrado. Me asusta la idea de que vuelva a visitarme, me aterra solo pensar en volver a escuchar su carcajada maldita o de mirar sus ojos llenos de burla y de odio.
– Padre Sebastián debe usted calmarse –Dijo el con un tono más severo– Si quiere puede venir y pasar las noches aquí en la casa cural mientras encontramos una solución y en el caso de que eso sea necesario como última solución créame que yo mismo voy a investigar todo lo que sea necesario.

Mientras sosteníamos esta conversación bajo el enorme Cristo de la capilla un hombre de cabello castaño, suelto y largo, el ceño fruncido, aretitos en la ceja izquierda y el lado derecho del labio inferior, vestido con una camiseta negra de mangas largas que llevaba un letrero rojo en el frente, pulseras de taches metálicos en las muñecas, un pantalón jean de color negro desteñido, raído y unas botas de cuero estilo militar sin lustrar; entraba por la puerta principal y se dirigía hacia el altar.
– ¿Y este qué? preguntó el padre Samuel, mitad para mí mitad para sí mismo.
– No sé, –Respondí yo sin quitarle la mirada de encima al extraño hombre–
– ¿Acaso no es obra del Señor que incluso sujetos como este se acerquen a orar a la iglesia? –Preguntó el padre Samuel nuevamente mientras le sonaba el teléfono– ¿ves? No toda la humanidad está pérdida como lo dice tu demonio.
– Si claro, –Respondí yo entre dientes que reconocí al hombre que acababa de entrar, por el asqueroso olor a claveles y sangre–
– Es mi sobrina –Dijo el padre Samuel– ¿Me disculpa un momento?
– Adelante –Le dije mientras me ponía de pie para acercarme al hombre de negro–

El hombre me miró de reojo y se dirigió hacia el sagrario. Mientras pasaba frente al enorme cirio pascual que se encontraba apagado hizo un ademán con la mano, lo que generó en este una pequeña llama; luego se puso de rodillas mientras una anciana que se encontraba rezando de rodillas, lo miró de reojo, se echó una bendición, se paró y se fue. Yo me acerqué me puse de rodillas en el lugar de la anciana, al lado del hombre de estrafalaria facha y me eché una bendición manteniendo la mirada fija en el sagrario.

– Es muy intolerante la gente ¿No sacerdote? –Dijo el hombre a mi lado– La mujer que se acaba de marchar, no tiene razones ni autoridad para señalar a nadie, no tiene idea de quién soy, no me conoce, no tiene por qué temerme y sin embargo; corre despavorida como si supiese que se trata del Diablo mismo.
– ¿Qué haces aquí? –Le pregunté yo con sequedad–
– Un templo es un sitio público al que todos pueden entrar sin importar su condición ¿No? –Contestó él– Además no sé por qué ustedes los humanos viven pensando que yo no puedo entrar aquí, o que me pueden expulsar con cruces y maldiciones.
– Es lógico, simplemente porque tú eres el Diablo y este es un lugar sagrado, es la casa de Dios.
– Es solo un montón de piedra, recuerda que Él está en todas partes. Además, si yo no pudiera entrar aquí, a una simple construcción humana, tampoco podría pisar la tierra que es creación divina.
– Pero los humanos no queremos engendros como tú en los sitios que hemos dedicado especialmente para dirigirnos a nuestro Dios, expresarle tributo y nuestras oraciones.
– Entonces échame a patadas grita y expúlsame como lo hiciste la primer noche en tu casa, lo que acabará de probar públicamente la pérdida de tu cordura –Dijo el cínico demonio que se sonreía mientras me miraba de reojo–
– ¿Qué quieres aquí? –Le pregunté suspirando–
– ¿Por qué sacaste el espejo a la calle?
– Para deshacerme de él.
– ¿Cómo?
– Alguien pasará y se lo llevará.
– ¿Seguro?
– Tu no pareces el Diablo, ¿Es que acaso no sabes que en esta ciudad se roban hasta un hueco?
– Ja,  que gracioso, tienes razón, pero ese no es el método para deshacerse de él –Me dijo– regresarás esta noche a tu casa y lo encontrarás en el mismo sitio que lo dejaste, tal vez aún tengas que aprender un par de cosas más.

El demonio después de decir esto se paró se despidió con una seña de mano y se fue. Cuando regresé con el padre Samuel me preguntó:

– ¿Y ese que quería?
– Solo orar –Le respondí entre dientes–

Luego me despedí y él añadió:

– ¿Dónde vas a pasar la noche entonces?
– En mi casa, pero si pasa algo más, no dudaré en aceptar su propuesta.
– Entonces cuídate.
– Así lo haré.

Me dirigí de inmediato hasta mi casa solo para comprobar que tal y como me lo había dicho el demonio, el espejo permanecía justo en el lugar en el que lo había dejado en la mañana. Esto último no me ha sorprendido, pero por ahora no quiero pensar más en eso, solo quiero descansar.




Lunes 16 de Agosto de 2010, 10 de la noche

Lunes 16 de Agosto de 2010, 10 de la noche

El día lunes festivo pasó de largo como suelen pasar todos los lunes festivos: oscuros y solitarios. Aunque me desperté muy temprano en la mañana, después de que escribí mi conversación con el Diablo estuve todo el día tirado en la cama, ni siquiera me levanté a probar bocado, pensando y repensando una y otra vez las palabras del demonio que puedo recordar de memoria. Y no solo puedo recordar sus palabras, también recuerdo sus gestos, lo que transmite con su mirada, el tono burlón de su voz y sobre todo aquella última respuesta.

Aún me sorprende ya que siempre he gozado de una memoria excelente pero ¿Cómo puedo tener en mente y a la perfección una conversación tan larga? Aunque es cierto, nuestra conversación no ha durado ni un minuto…

miércoles, 12 de agosto de 2015

Las revelaciones del Diablo

Las revelaciones del Diablo

Un corto silencio invadió la habitación mientras los dos nos estudiábamos detenidamente. Luego la conversación continuó así:

– Pero, queda un vacío en lo que dices ¿Quiénes fueron los primeros hombres? ¿Es cierto que los tentaste? ¿Es por eso que estamos aquí? O ¿cuál es tu historia? –Pregunté rompiendo el incómodo silencio–
– Digamos que de algún modo u otro existieron si es eso lo que quieres saber, como te dije antes, sólo  son un montón de metáforas –Dijo el Diablo sacudiendo la cabeza–. Ya te dije que soy el Diablo y me gusta jugar con los seres humanos. Por eso no debes confiar en mí.
– Por mí vale, si esa es tu respuesta no la voy a refutar, pero volviendo a los libros sagrados. En ellos se narran muchas historias de batallas, pueblos que arrasaron con otros para defender su fe, en diversas religiones –Le aclaré dudando un poco lo que iba a preguntar– Civilizaciones destruidas, guerras y epidemias que mataban niños, todo eso bajo la mirada complaciente de Dios o de los dioses dependiendo de la religión. ¿Qué tan ciertas o que tan metafóricas son? Mejor dicho ¿Qué quieren decir?
– ¡Y dale con los libros sagrados! ¿No te aburres de preguntar por lo mismo?, está bien, te respondo… ¿En serio crees que Él, siendo un ser superior patrocinaría guerras y se dedicaría a destruir su creación solo por capricho y porque un montón de miserables son incapaces de hacerse valer y respetar por sí solos? Muchas de las cosas en las que ustedes creen y veneran sobre altares, fueron escritas solo para justificar los actos bárbaros de hombres crueles y despiadados. –Mientras decía esto, lanzaba una mirada la biblia que tengo sobre el escritorio, la cual pasaba las hojas como si un fuerte viento soplara de un lado a otro–
– ¡Pero en muchos libros se habla también de catástrofes, diluvios, pestes, lluvias de fuego y otras cosas! ¿Acaso insinúas que también fueron causadas por los hombres? –Le dije encolerizado levantándome y tirando la libreta y la pluma que aún sostenía, a un lado de la cama–

El Diablo se limitó a responderme mirándome fijamente sin levantarse de su silla ni perder la calma:

– Él es perfecto en todos los sentidos, todo es creación suya y estarás de acuerdo en que Él no se equivoca, no comete errores. Además ¿Qué pruebas tienes de que eso haya ocurrido? Aún más –Añadió el sardónico Diablo– Sí ocurrió, hay cosas que ocurren por causa de la naturaleza o por un conjunto de condiciones que se unen para estallar en una consecuencia inevitable; Ten en cuenta que la naturaleza también es su creación y como tal es perfecta, por lo que tiene que seguir con su funcionamiento, sin importar lo que a ustedes les afecte.
– ¿Entonces me estás diciendo que todo lo que ocurre en la vida es solo una casualidad?.
– No, no has entendido sacerdote. Las casualidades son hechos fortuitos que ocurren sin ningún sentido y sin que puedan ser explicados. Sí así lo decimos las casualidades no existen, ya que todo en la vida tiene una causa y genera un efecto; aunque las tres situaciones parezcan no estar relacionadas entre sí y aunque ustedes los humanos sean incapaces de apreciar la causa inicial y el efecto final. De alguna manera u otra ustedes están buscando siempre un culpable de todo lo que les sucede y no logran entender, por lo que siempre terminan hallando razones que no existen en realidad. Aunque ten cuidado –añadió el Diablo levantando el dedo índice– y no malinterpretes mis palabras, ya que no siempre las mismas causas generan los mismos efectos, de la misma forma que los mismos efectos no son generados siempre por las mismas causas.
– ¿Entonces, según tú porqué estamos aquí? ¿Y por qué algunos deben pasar por situaciones tan difíciles? ¿Es Karma acaso? –Le pregunté de nuevo tumbándome en la cama y mirando a ningún lado mientras tragaba saliva, buscando en el techo la respuesta más que en mí desagradable acompañante–

Después de pensar un momento, el Diablo me respondió así:

– Disculpa mis pésimos modales al responderte a una pregunta con otra pregunta pero ¿Por qué los padres dejan jugar a sus hijos? O mejor dicho ¿Por qué juegan los niños?
– ¿Qué? Vaya pregunta idiota… No lo sé, no tengo sobrinos, mucho menos hijos evidentemente. Me imagino que eso hace parte de su formación ¿No? –Declaré indiferente reincorporándome para mirarle fijamente–

El demonio que no había cambiado de postura desde que había tomado lugar por última vez en la silla, seguía ahí con la pierna derecha cruzada sobre la izquierda, la mirada fija sobre mí, los codos apoyados sobre los descansa-brazos de la silla y las manos unidas a unos centímetros en frente del pecho con los dedos entrecruzados. Se limitó a mascullar ladeando un poco la cabeza:

– Exacto.
– ¿O sea que la vida es como una gran prueba? –Respondí con sarcasmo– ¿Un gran juego quizás?
– No tanto como eso, la vida es parte de su aprendizaje; En tanto ¿De qué les serviría el albedrío si no tuvieran que usarlo?
– ¿Insinúas acaso que Dios juega con los seres humanos para ver cómo reaccionan ante determinadas situaciones?
– No, no es así. Él tampoco es un niño que experimenta con los bichos de su jardín como ustedes piensan.
– Dices que las cosas ocurren por una causa y generan un efecto ¿No? –Dije, poniendo el brazo y la mano izquierda alrededor de la parte baja de mi pecho y apoyando el codo derecho sobre la mano izquierda mientras me sobaba el mentón con la mano libre–
– Si. Todo lo que ocurre es generado por algo que ocurrió antes y a su vez genera otro suceso que ocurrirá después. Al mismo tiempo la causa del suceso en cuestión fue generada por un suceso anterior a ella. Del mismo modo que el efecto generado, dará lugar a otro suceso en el futuro. Como un temblor es generado por un movimiento de placas en el fondo de la tierra y una tensión en la superficie, lo que genera que se caiga una casa mal construida; el movimiento de placas a su vez fue generado por un fenómeno anterior y el derrumbamiento de la casa ocurre por varias razones: el hecho mismo de que la casa esté mal construida y el temblor del que hablamos. La casa a su vez, fue mal construida a causa de la pobreza o ignorancia de sus dueños, su pobreza se debe a que viven en un país pobre, y esto se debe a que la gente no supo escoger a sus gobernantes, igualmente escogieron mal a causa de su ignorancia, su corrupción y su pobreza. Más aún, la caída de un edificio genera muertos, heridos, desempleo, lo que a su vez contribuirá más a la pobreza, etcétera, etcétera, etcétera. Como ves todo está relacionado entre sí; Causa, suceso y efecto, Todo es una cadena interminable e imposible de desenredar para ustedes los humanos, como un maldito círculo vicioso del que no pueden salir.
– ¿Y a eso como le llamas? ¿Destino? ¿Karma?
– No, deja de insistir con eso del karma, sigues sin entender. –Dijo el diablo lentamente con el tono de voz que ponen los adultos ante un niño que no entiende algo que parece muy básico– El destino no existe. Todo lo que pasa, pasa así porque un conjunto de situaciones ocurrieron en un momento dado y bajo un conjunto de circunstancias específicas para que así sucediera. Lo que ustedes llaman destino es solo el resultado de todo lo ocurrido en el pasado y va construyéndose día a día con lo que va ocurriendo en el transcurrir del tiempo, pero nadie dice que no pueda cambiar. Piensa en lo siguiente: siglos de arrancar árboles, descargar porquerías al aire y al agua, desperdiciar sus recursos, hacer mocosos sin medida ni control e incluso sus mayores descubrimientos, aquellos que suponen un progreso para su raza, son las causas de la mayoría de problemas que ustedes tienen hoy, a lo que un grupo de ingeniosos llaman “problemas ambientales” siendo ustedes los imbéciles del problema –Aclaró el demonio– y que quieren detener de un momento a otro sin saber a ciencia cierta cómo lo van a hacer ni las consecuencias de sus panaceícas soluciones.
– Pero esa gente que yo vi allá no tenía la culpa de lo que estaba pasando. –Dije mientras se me inundaban los ojos refiriéndome a mi viaje–
– Tal vez sí, o tal vez no. Pero fueron las personas las que acabaron poco a poco con esa isla y de la misma forma como lo hacen el resto de ustedes con el resto del mundo, fueron las personas las que se reprodujeron como conejos debido a su ignorancia. Aún más, fueron las personas quienes construyeron sus edificios; recuerda que los fenómenos son naturales pero los desastres los causan ustedes. También debes tener en cuenta que muchos de los peores errores que ustedes han cometido, han sido con las mejores intenciones. Sin embargo es posible que niños y jóvenes no tuvieran la culpa de lo que sucedía como tú dices, pero como ya te dije las situaciones se presentan y ustedes los seres humanos deben afrontarlas como los seres superdotados que son. ¿No lo crees así; sacerdote?
– ¿Y qué hay de los políticos corruptos, mandatarios psicópatas que solo hacen lo que les conviene y se les viene en gana? ¿Qué hay de aquellos que pasan por encima de los demás abusando de su fuerza, su poder y humillando a los demás? ¿Qué hay de aquellos que engañan a los más ingenuos y abusan de ellos?
– A eso solo puedo responderte que cada pueblo se merece sus mandatarios, o ¿Es que acaso no crees tú que pueblos con cientos, miles y millones de habitantes están en capacidad de elegir unos dirigentes que los satisfagan completamente?, el problema es su maldito egoísmo y la corrupción que parece que fluyera de manera natural en todos los seres humanos, sin importar la bandera que lleven, sin importar si respaldan o son opositores de sus mandatarios, sin importar su estrato social. De lo otro te puedo decir que para que un engaño sea llevado a cabo son necesarias dos cosas: la maldad y astucia superior del engañador y la ingenuidad y estupidez del engañado, para que un abuso sea ejecutado igualmente son necesarias dos cosas la arrogancia y sevicia del abusador y la falta de coraje del abusado y así sucesivamente. Lo malo es que ustedes los seres humanos se han vuelto tan corruptos que son capaces de abusar siempre de su poder engañándose los unos a los otros y sacando partido de cualquier ventaja que puedan tener, desde el más poderoso hasta el más humilde de ustedes.

Ustedes decretan leyes para corregir ciertos problemas y ciertas inconsistencias en su forma de vivir pero de inmediato encuentran la forma de abusar de ellas y sacar partido de una forma inescrupulosa y degenerada, mientras otros encuentran la forma de evadirlas. No hace mucho tiempo que los niños eran víctimas de los abusos de los adultos, en algunas partes lo siguen siendo; pero ahora son muchos de ellos los que se aprovechan y cometen crímenes o son utilizados por otros adultos para cometerlos, bajo el pretexto de que hay normas que los protegen.
– Si, pero no puedes juzgar en general, también han existido líderes honestos que lucharon por su gente como verdaderos héroes –Pronuncié tímidamente tratando de quitarle la razón–
– ¿Eso crees en serio? No digo que no haya existido ninguno y es posible que aún existan, pero ten en cuenta que la historia siempre se encargará de retratar como héroes a los promotores de causas exitosas sin importar los medios utilizados para conseguir los objetivos deseados. Recuerda que una cosa es la verdad y otra cosa es la realidad.
– ¿Por qué crees que los seres humanos somos tan ruines?
– Yo solo sé que ustedes son egoístas casi que por naturaleza, ¡Todos! –Exclamó el Diablo y continuó– Incluso los actos más altruistas y benevolentes son llevados a cabo para satisfacer en silencio su orgullo personal. Por otro lado algunos de ustedes se dejan llevar por una extraña e inexplicable perversidad y llevados por este impulso terminan llevando a cabo actos sin más razón que el hecho mismo que no debían hacerlo.
– ¿Por naturaleza?, Te contradices demonio –Inquirí creyendo haber encontrado mi oportunidad de refutarle– Tu mismo has dicho que nuestra naturaleza es divina.
– Dije “Casi por naturaleza”, Además la humanidad de sus acciones no está dada solo por la divinidad de su esencia sino también, por su curiosidad enfermiza, por todo aquello que tienen que vivir, experimentar, aprender y conocer a lo largo de sus patéticas vidas, de hecho sus actos también están marcados por la composición de esa masa de carne gris a la que llaman cerebro. Digamos que esto también hace parte de lo que te he dicho acerca de las causas y los efectos.
– ¿Entonces es inútil que roguemos y oremos por ayuda en momentos de crisis?, según tú somos tan corruptos que no tiene caso acudir a Dios.
– Claro que no, gracias a su capacidad como humanos Él les entrega lo único que ustedes necesitan en la vida que es la esperanza, la sabiduría y la fortaleza para afrontar cada situación de la mejor manera, sea beneficiosa o no esta situación para ustedes. Además hacer lo correcto no es necesariamente hacer lo que más les conviene ni lo que causa más beneficios a la mayor cantidad de gente; hacer lo correcto es simplemente hacer lo correcto.
– Nuevamente no entiendo.
– Es simple. El hecho de que hagas lo correcto no quiere decir que te vas a ver beneficiado por ello ni las cosas te van a salir tal y como lo esperas. Ni siquiera el hecho de que hagas lo correcto quiere decir que vas a favorecer a muchas personas. Del mismo modo, el hecho de que obres mal no quiere decir que necesariamente las cosas te van a salir mal o vas a recibir tu merecido castigo en determinado momento. Las cosas te pueden salir bien o mal sin importar si te has comportado o no como deberías, lo único que en verdad necesitas y lo único importante es la fuerza y la sabiduría proveniente de Él para tomar cada vez la mejor decisión.
– Entonces ¿A eso se reduce todo? ¿A la adoración?
– No –Refutó el demonio nuevamente– ¿Acaso crees que el ser supremo necesita que le rindan pleitesía? ¿Acaso crees en un Dios vanidoso? Los que necesitan de la sabiduría y fortaleza que Él les puede brindar son ustedes los seres humanos. Es más, sin esto son incapaces de vivir. Pero si ustedes no lo hacen así, esto no causará ningún efecto, esto ni le quita, ni le agrega poder; ya que Él ya es todopoderoso. Creer y confiar en Él es para sus almas como la comida y el sueño que necesitan a diario sus miserables cuerpos; si no los tienen pueden morir y créeme que no es para nada agradable sentir como muere tu alma eternamente.
– Cualquier persona que hablara contigo dudaría de la bondad de nuestro Dios, ¿Por eso eres el Diablo no? –Dije entre dientes–
– Ya te dije que Él es omnipotente y omnipresente, de tal forma que no es ni bueno ni malo, no hace cosas buenas ni malas, de hecho no hace cosas. ¿Por qué tendría que hacerlas?, Él está por encima del bien y del mal. Aunque el amor que les tiene está aún por encima de mi propio entendimiento.
– ¿Y qué hay de los milagros producidos por santos, apariciones y cosas inexplicables que ocurren en el mundo cosas que ni siquiera la ciencia es capaz de explicar?
– Te voy a responder nuevamente con una pregunta; ¿Quién te dice que no soy yo jugando con sus sentimientos como lo hago contigo en este momento? ¿Sabes?, desde hace miles de años me ha resultado muy divertido ver como ustedes pueden repetir miles de veces las mismas recetas y las mismas retahílas, dar testimonio de milagros y mensajes, mientras se creen los elegidos y después seguir siendo los mismos egoístas, envidiosos, corruptos, arrogantes y soberbios de siempre. Para Él no existen los favoritos querido Sebastián.
– ¿Puedo preguntarte algo más?
– Todo lo que me has preguntado hasta ahora te lo he respondido, aunque mis respuestas no te satisfagan completamente.
– ¿Qué es la fe?
– Es esa la pregunta más sensata y más difícil que me has hecho hasta ahora. La fe es un sentimiento circular –Continuó–. Tienes fe porque Él te da la fe, te da la fe porque quieres tener fe, y quieres tener fe porque crees en Él. Crees, porque tienes la fe para creer. Contrariamente de lo que ustedes piensan, la fe no es creer ciegamente que se van a curar de una enfermedad, que van a ganar en un juego de azar o que la suerte les va a sonreír en determinado momento. La fe es simplemente ser capaces de asumir y afrontar cada situación con la firme convicción de ser capaces de tomar la mejor decisión y en caso de no ser así, de asumir y aceptar las consecuencias de sus actos, sólo porque Él los creó con esa capacidad. Tener fe no es creer que son capaces de llevar a cabo cualquier proeza, tener fe es creer que son capaces de intentar llevarlas a cabo una y otra vez, aceptandor cada derrota con entereza aunque hayan dado lo mejor de sí mismos. Tener fe es simplemente creer en Él y aceptar que ustedes son seres humanos.
– ¿Y entonces que hay de ti?, ¿Te gusta que te rindan pleitesía?, ¿Qué te adoren? Hace rato me has dicho que el causar miedo y jugar con los sentimientos humanos te divierte.
– Me divierte sí, pero no me satisface. Yo no busco la adoración de los seres humanos. ¿Por qué habría de buscar algo de unos seres tan patéticos como ustedes que lo tienen todo y aun así quieren más?

Me llené de rabia, en ese momento me llené de rabia porque lo percibí superior a mí, por lo que solo atiné a decirle:

– Avaricia, gula, mentira, odio, lujuria, pereza, envidia, celos, egoísmo, intolerancia, traición, tristeza, falta de fe; ¿Eso es lo que buscas de los seres humanos?
– Lo siento –Contestó con la sonrisa en la boca nuevamente– Esos son solo sentimientos y deseos humanos, yo no busco nada de eso.
– ¿Qué hay de los vicios, la falta de inteligencia de las personas, el sexo sin control, esa música y otras cosas que hieren el alma y las mal llamadas subculturas que ni siquiera culturas son, que invaden la mente de la gente como enfermedades terminales del espíritu?, ¿Eso es lo que tú disfrutas cierto?
– Por un lado la música, la cultura y el sexo no son malos. Lo malo es el uso que ustedes los seres humanos les dan, el morbo con el que las crean y las practican y el hecho de que las utilicen para hacerse daño los unos a los otros. Por otro lado yo tampoco las disfruto ni disfruto viéndolos a ustedes retorcerse como cerdos o como perros en celo al compás de la ignorancia y la vulgaridad de su imaginación; recuerda que a pesar de todo yo soy un ángel y los ángeles no disfrutamos de placeres mundanos como los que ustedes disfrutan. Por otro lado, piensa Sacerdote, piensa por un momento, ¿Acaso conoces tú lo que hay más allá de los límites del universo?, ¿Acaso eres la mano izquierda de Dios con el derecho para juzgar a tus semejantes?, ¿Acaso estás libre de pecado?, ¿Acaso eres digno de lanzar la primera piedra?
– Entonces ¿Cuál es la razón de tu presencia ante mí, esta noche? y ¿Cuál es la razón de que te presentes ante las personas como lo has de haber hecho en muchas otras ocasiones? ¿Cuál es el motivo de que permanezcas al lado de los humanos cómo lo has de haber hecho desde el principio de los tiempos?
– La misma de siempre.
– ¿Cuál es entonces? -Insistí yo-
– Que ustedes tengan a alguien a quien echarle la culpa de sus actos y así poder evitar sentirse mal por el resto de sus miserables vidas mientras siguen cometiendo errores y haciendo daño sin que esto les pese en su podrida consciencia, que ustedes me culpen de toda la maldad y crueldad en su corazón; que ustedes se vean eximidos de toda culpa mientras me desprecian y me maldicen en el infierno –Dijo el diablo separando las manos, dejándolas caer lentamente sobre los descansa-brazos y levantando la cara un poco con la mirada perdida en el infinito–.
– Muy noble de tu parte, demasiado noble para ser el Diablo –Respondí yo con sarcasmo–
– No es nobleza. Si ustedes no se hacen responsables de sus actos, no son capaces de cambiar, arrepentirse de corazón y si esto no sucede, en algún momento se verán obligados a compartir el sufrimiento que llevo a cuestas desde antes de que ustedes se pusieran en pie y lograran unir dos palabras.

Al oír esta revelación, empecé a sentir asco por mí mismo y por el resto de la humanidad, sentí como los ojos se me llenaban de lágrimas nuevamente y un enorme nudo se me formaba en la garganta, mientras las manos me temblaban y sudaban frío. Por lo que solo pude decir:

– ¿Por qué me has dicho todo lo que me has dicho?
– Porque tú sabes que aunque lo publiques en tu próximo artículo dominical o lo grites a los cuatro vientos en un templo por el resto de tu vida, no será nada más que una agradable lectura o una ceremonia muy bonita a la que asistirán viejos amargados, moribundos y supersticiosos, jóvenes mojigatos y familias demasiado tradicionales, que probablemente se sonrojarán por un momento mientras se miran los unos a los otros con una expresión combinada de complicidad y culpa, luego; regresarán a sus casas para sentarse frente a un aparato a ver cosas sin sentido mientras la totalidad del mundo desaparece lentamente entre las tinieblas de sus recuerdos y jamás pondrán en práctica o recordarán lo que tú les has dicho. Mientras tanto, yo me burlaré de ti desde la eternidad y la oscuridad de mi infierno. –Dijo el Diablo con una sonrisa enorme y con tono triunfal mientras se levantaba de la silla y cruzaba por el espejo como si este fuese un portal a un mundo maldito del que nadie conoce nada–

Ante esto último no pude hacer nada. No pregunté, no intenté detenerlo, no lo llamé, ni intenté contradecirlo. Solamente me levanté como un zombi al que han robado la consciencia, recogí la libreta y la pluma y las llevé hasta el escritorio, cuando estuve ahí miré de nuevo mí teléfono para saber la hora; aún marcaban las diez en punto de la noche; lo cual no me sorprendió, regresé para apagar la lámpara y me arrojé de nuevo en la cama para sucumbir entre sueños, mientras el frío y el olor a claveles y sangre desaparecía lentamente.




El frío de la habitación.

El frío de la habitación.

Me levanté de la cama con un fuerte sentimiento de repugnancia hacia mí huésped por el tono irónico y atrevido como me había llamado “amigo”. “No soy tu amigo” –Le repliqué de mala gana– Luego me dirigí al escritorio mientras sentía su mirada fija sobre mí. Saqué mi libreta de apuntes y una pluma muy fina que me había regalado Raúl la tarde del sábado anterior al recibirme en el aeropuerto, la cual no había estrenado aún. Recordé que mí vieja grabadora de periodista no tenía baterías por lo que no me molesté en buscarla. Me dirigí de nuevo a la cama desentendido por completo de mí acompañante, busqué de forma automática la cajetilla de cigarrillos, pero recordé que ya había acabado los últimos. No tenía miedo pero estaba claramente impaciente, oí el rastrillar de un fósforo y cuando giré para ver, el Diablo me ofrecía con la mano derecha un cigarrillo encendido, un cigarrillo de filtro verde, de una marca desconocida mientras me decía:

– Hacer eso, daña tus pulmones, tus dientes, te jode la boca, el sistema nervioso y el sistema digestivo, es un asco ¿Acaso sabes cómo los hacen?
– ¿Y desde cuando te preocupas por lo que pueda sucedernos a los seres humanos?
– No me preocupa, pero eso es algo que todos deberían saber. Además; tu tos no deja de ser molesta.
– Mmm, está bien voy a seguir tu consejo. Aparte; no pienso fumar un cigarrillo que me ofrezca el demonio mismo, aunque da igual porque todos los vicios deben venir de ti. ¿No es así? –Le dije apagando el cigarrillo y arrojándolo a la papelera junto al escritorio–
– Error, si es que a eso te refieres, el licor lo producen las licoreras, el tabaco las tabacaleras, las drogas las producen los narcotraficantes, los juegos de azar los proveen los casinos y las loterías, –Decía el Diablo moviendo la cabeza de un lado a otro evidentemente divertido– Todas esas son creaciones humanas y yo no tengo acciones ni dinero invertido en ninguna de ellas. Por otro lado; ustedes los seres humanos los consumen por su propia voluntad, no porque yo este parado en su hombro susurrándoles todo el tiempo.
– Está bien –Le dije sentándome de nuevo en la cama– Empecemos.
– Empecemos –Añadió el demonio retomando su puesto en la silla–
– Primero que todo ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué quieres ser entrevistado? –Le pregunté, fingiendo no prestar mayor atención–
– ¿Y por qué no? ¿Acaso no te parece divertido?
– Me da igual, de hecho no me interesa lo que tengas que decir. Pero ya estamos aquí, así que continuemos. Hace rato dijiste que los seres humanos no sabíamos lo que es el alma. Según tú, ¿Qué es?
– Aquello que ustedes llaman alma, no es más que un pequeño fragmento de la esencia que compone el mundo, la esencia de Él, de lo que todos estamos hechos y a donde todos deberíamos volver, eso deberían habértelo enseñado en el seminario. Ustedes los humanos, los ángeles que lo sirven fielmente a Él y por supuesto, yo.
– Ya veo, ángeles, humanos y demonios… Si tú dices que ángeles y humanos poseemos la misma naturaleza ¿Cuál es la diferencia entonces? ¿Qué te hace distinto de mí?
– Sencillo amigo sacerdote. El albedrío.
– No entiendo. ¿Podrías ser más explícito?
– Claro que entiendes. Nosotros los ángeles podemos hacer cosas que ustedes solo pueden imaginar y escribir en sus libros de fantasía. Pero, ustedes han sido dotados con una capacidad que los ángeles jamás llegaremos a tener, ni siquiera a entender. Esa capacidad es la de tomar decisiones, el don de arrepentirse y corregir sus errores e incluso el de salvar a otros, la verdad que no entiendo porque tanto poder en seres tan inferiores; pero en fin, así fuimos creados.
– Pero tu estas aquí, a pesar de que me has dicho que los ángeles no deben acercarse a los seres humanos.
– Si, y también te he dicho que por eso soy el Diablo.
– Entonces a diferencia de los demás ángeles ¿Tu si puedes tomar decisiones?
– No, alguna vez lo intenté. Pero, eso fue lo que me separó de Él. Yo voy por el mundo haciendo lo que mis impulsos antinaturales me ordenan que haga, pero no tengo la capacidad para decidir entre el bien y el mal, la verdad tampoco me importa.
– Entonces ¿Te consideras una víctima? –Le pregunté haciendo énfasis en mi sarcasmo–
– Claro que no –Una nueva risotada del Diablo–. Mi condición es producto de cosas mucho más siniestras que no lograrías entender, por el momento digamos que es culpa de mi propia ambición.
– ¿Acaso te crees igual o superior a Dios?
– Tú eres un sacerdote y sabes que no hay nada igual o superior a Él. Es absurda tu pregunta.
– ¿Lo odias?
– ¿Por qué habría de odiarlo? ¿Acaso me hizo algo malo?
– Él te expulso de su lado ¿No?
– A mí el único que me ha expulsado de alguna parte has sido tú, anoche por si no lo recuerdas. Yo no puedo volver a su presencia porque simplemente ese es el orden natural de las cosas.
– Pero El señor puede cambiar esa situación ¿No?
– Puede hacer lo que sea, es omnipotente y omnipresente, pero ya te dije que los ángeles no tenemos el don del arrepentimiento.
– Entonces; ¿Es cierto según tú? El arrepentimiento puede salvar el alma de los hombres.
– Claro que sí. Pero muy pocos lo han conseguido en toda la historia. Además, no es tanto como salvar o condenar tu alma a permanecer en un determinado lugar que puede ser un paraíso romanticón lleno de florecillas y mariposas o un infierno que arde en brasas y donde los demonios estarán danzando y torturándote todo el tiempo por el resto de la eternidad. El paraíso que ustedes buscan es simplemente volver su presencia y el infierno es no poder regresar jamás, que si supieras de qué te hablo entenderías que un segundo en cualquiera de las dos situaciones es una eternidad. Además tampoco hay un juicio como tal, No hay un juez que este separando los chicos buenos de los malos, como ustedes se empeñan en creer. Es la naturaleza de tus actos la que te obliga a estar o no en su presencia.
– Está bien –Exclamé un poco sorprendido por su respuesta y continué– ¿Cómo se siente el paraíso y como se siente el infierno?
– Es imposible de entender si no has estado nunca en ninguna de esas situaciones ya que son únicas e incomparables. Es como si yo te preguntase ¿Que se siente estar vivo? No sabrías como explicármelo o yo no podría entenderlo. Pero, si quieres una descripción del infierno solo imagina estar encerrado en tu cuerpo el resto de la eternidad, solo sin poder mover tus brazos o tus piernas, sin sentirlos, en un profundo silencio, sin sentir frío ni calor, sin poder ver nada en la oscuridad, sin sentir que entra o sale aire de tus pulmones como si cada orificio de tu cuerpo hubiera sido cerrado, sintiendo un hambre abrumadora que no puedes saciar, sintiendo sed sin poder clamarla y sueño sin poder dormir, con un sabor amargo en la boca pero sin poder decir nada porque tus labios, tu mandíbula y tu lengua no te responden, con miedo, mucho miedo y una profunda e inconsolable tristeza.
Hasta ese momento no había escrito una sola palabra y era consciente de que el demonio ya lo había notado; mientras sus ojos brillaban más que nunca y el desagradable olor se hacía más intenso que antes.
– ¿Y el cielo? ¿Lo recuerdas? –Pregunté de golpe para evadir la imagen que me describía–
– Es imposible olvidarlo… –Suspiró el demonio– Y es aún más difícil de describir. La sensación más parecida al paraíso que ustedes podrían entender es el éxtasis del sexo al lado de la persona que aman, sin principio ni fin. Pero un sexo puro, inocente y sin morbo, aunque aún esta sensación debe ser inigualable a la compañía de Él.
– Esta bien, pero no puedo entender tu descripción. Recuerda que yo soy un sacerdote de la iglesia católica y nosotros  somos célibes. –Le dije sin poder evitar sonrojarme–
– ¿Si?, y recuerda que yo soy el Diablo… No seas ridículo Sebastián –Dijo con una sonrisa en sus labios, mirándome con complicidad–
– Ah, –Es cierto, Dudé por un momento mientras los recuerdos de un amor juvenil invadían mi mente, luego retomé– ¿Hay una verdadera religión? ¿Una verdadera fe?, A veces dudo de eso ¿Sabe?, a pesar de ser un sacerdote a veces me invade el temor de cometer el error de no seguir el camino correcto.
– Tú mismo dijiste que yo no lograría convencerte de nada pero igualmente voy a responder tu pregunta. Si y no, todas y ninguna, Él es sólo uno. Como te dije es omnipotente y omnipresente, señor, creador, padre y dueño del universo y bla, bla bla. No importa la religión es el mismo en todas partes, aquí o en cualquier lugar del mundo. ¿En verdad crees que es importante si lo llamas Yavé, Alá, Señor, Jehová, Buda, Krisna, Jesús o como lo queráis llamar? ¿En verdad crees que es relevante si lo quieres dibujar rubio, con el cabello largo y los ojos azules o con la cara tapada, o azul y con el cabello negro y rizado, o gordo y orejón sentado sobre un cojín? Imagina una tribu nativa de algún lugar remoto del mundo, separada por completo de lo que ustedes llaman “civilización”, ¡vaya la civilización que tienen!. Una tribu que desconociera totalmente las reglas de cualquier religión que tú puedas recordar en este momento; que sin embargo, vivieran de una forma digna a sus ojos. ¿Acaso crees que deberían ser condenados al exilio celestial solo por no repetir cada día las retahílas y los rituales que muchas personas repiten casi que de memoria?

Otra vez vacilé sobre lo que acababa de escuchar pero proseguí:

– Mencionaste a Jesús y otros pero, ¿En verdad existieron? ¿Alguno fue el enviado de Dios?¿Cuantos de ellos decían la verdad?
– Si existieron o no, eso puedes preguntárselo a antropólogos y arqueólogos de tu tiempo –Dijo el Diablo con malicia– pero piensa en esto por un momento: Pongamos el ejemplo de Jesús ya que eres católico. Según lo que dicen montón de escritos de muchas religiones que ustedes llaman “sagrados” Jesús fue un hombre excepcional que le enseñó cosas maravillosas a los que estaban a su alrededor –El Diablo vaciló por un momento– No, no es cierto; Jesús no les enseñó nada maravilloso, solo les enseñó la forma correcta hacer las cosas. Creo que eso solo un verdadero enviado de Él habría podido enseñárselos. ¿Y si era un ser humano como todos?, tal vez hijo de padres humildes con hermanos y primos como todos los demás seres humanos; ¿No crees que eso solo le da mucho más mérito a lo que dicen que hizo?. En cuanto a sí era el hijo de Dios o no, ¿Acaso todas las religiones del mundo no profesan que todos ustedes son hijos de Dios?, entonces ¿En qué mintió Jesús?. Y así con todos los demás, te puedo decir que hombres excepcionales han pisado esta tierra como también muchos estafadores.
– Me voy a desviar del tema un momento –Le dije– ¿Por qué cuando te presentas ante mí siento frío, olor a claveles y a sangre? Y tengo otra duda que no deja de martillarme en la cabeza así que quiero que me la respondas de una vez ¿Me puedes decir el porqué del maldito espejo?
– Ya te dije que es divertido jugar con los seres humanos, y más aún causar miedo. Sientes olor a claveles porque eso te recuerda el olor a cementerio, olor a sangre porque te recuerda lo que viste tu viaje y frío porque eso es lo que siempre has sentido cuando tienes miedo. No me hubieras creído que soy el demonio si me hubiera presentado como un hombre gordo, y afeminado que guía un pequeño perrito blanco de moñitos rosas ¿O sí? En cuanto al espejo, eso es solo lo que ustedes llaman “efectos especiales” –Dijo el diablo picando un ojo mientras sonreía y levantaba las manos– para darme un poco más de misterio y como no pienso pasarme el día metido bajo tu cama, ni creí que me respetases mucho si surgiera de repente de la taza de tu inodoro, pues entonces utilicé el espejo. No creo tampoco que me abrieras la puerta si llego tocando y diciendo: ¡Buena noche Sebastián, soy el Diablo que vengo a visitarlo!. Por otro lado debes admitir que ustedes los seres humanos tienen su misterio con respecto a los espejos aunque no sé bien de qué va. –Dijo el Diablo, levantando la ceja derecha–
Ustedes los seres humanos me parecen muy curiosos ¿Sabes? –Continuó el Diablo– Teniendo siempre cosas muy importantes en que ocupar su tiempo y su mente, los malgastan tratando de descifrar detalles sin importancia.
– Es cierto, pero aún tengo la duda de que solo seas el producto de mi imaginación.
– En eso tienes razón. Pero no hay nada que puedas hacer para cambiarlo.

Después de una leve pausa tratando d organizar las ideas en mi mente, retomé así:

– Volviendo al tema, ¿Qué hay de las “sagradas” escrituras? La mayoría de los cultos y religiones tienen un texto donde se fundamentan sus propias creencias, se detallan múltiples cosas, se cuentan historias, la forma correcta de llevar a cabo rituales y ceremonias, en fin… pero ¿sirven para algo o no?
– Esos son solo textos que muestran metafóricamente muchos hechos ocurridos, no son literales. Algunos han sido manipulados y creados por ustedes los seres humanos para su propio beneficio, otros han sido borrados y destruidos por la misma causa, algunos más han desaparecido por distintas situaciones, aclaro que yo no tengo nada que ver con eso ¿eh?, otros sin embargo han sido mal interpretados por viejos barbados y decrépitos que creen que tienen las respuestas para todo, el poder de decidir, la sabiduría para descifrar lo indescifrable y la autoridad para hacer que las cosas más sencillas parezcan imposibles de entender para el resto del mundo. También se ha perdido mucho de su significado cuando estos se han intentado traducir de su idioma original. Las pocas cosas que deberían ser entendidas de forma literal en muchos de ellos han sido confundidas con mensajes y visiones metafóricas de la vida mientras que aquellos mensajes con significados simbólicos han sido mal aplicados al pie de la letra como si se tratase de instrucciones de cocina.
– Y entonces ¿Cuál es tu versión de todo? ¿Cómo empezó el mundo por ejemplo?
– La misma que te han enseñado a ti.
– ¿La científica o la religiosa?
– La una no contradice a las otras, las versiones religiosas son muchas, ya te dije que los escritos “sagrados” –Dijo el Diablo haciendo énfasis en las comillas con los dedos– son solo descripciones metafóricas acerca de los hechos ocurridos, escritas por seres humanos y que ustedes mismos los humanos no han sido capaces de interpretar.
– ¿Pero cuál es la verdad?
– ¿La verdad o la realidad?
– ¿Y cuál es la diferencia?
– La realidad es un hecho sucedido, la verdad es solo lo que el resto de la humanidad cree y acepta como tal.
– ¿O sea que la verdad no necesariamente es cierta?
– Tú lo has dicho.
– Pero no me has respondido ¿Cómo empezó todo?
– Ya te dije, piensa en lo siguiente: Muchas religiones del mundo relatan como Él tomó barro y lo amasó para crear al hombre, la mujer y los animales, tú mejor que yo debes conocer esa historia perfectamente, a mí la verdad me aburre; mientras que la ciencia habla de un montón de fango del que nacieron las primeras células a los que llamaron ¿coacervados?, un asco la verdad si me preguntas. Por su parte los hindúes dicen que el universo está compuesto por un montón de círculos y que hay un gran río de leche que corre sobre una serpiente… metáforas, metáforas y más metáforas, pero ¡vaya que coincidencia!; los occidentales llamaron a su sistema solar vía láctea, mientras que los indígenas amazónicos a miles de kilómetros de distancia de la civilización hindú, describen el universo como una serie de discos superpuestos unos sobre otros en forma de cono, bajo el que vive una enorme boa de fuego llamada Añafeeka, ¿Curioso no?.

Ya te lo dije, lo que ustedes llaman escritos sagrados son solo interpretaciones metafóricas de los hechos sucedidos, no es culpa mía que ustedes no sean capaces de entender e interpretar sus propios acertijos.


martes, 11 de agosto de 2015

Lunes 16 de Agosto de 2010, A la madrugada.

Lunes 16 de Agosto de 2010, A la madrugada.

Lo que pasó, es algo inimaginable. He recibido su extraña visita y ahora no logro asimilarlo.

– ¿Quién anda ahí? –Pregunté sin girarme mientras sentía nuevamente el olor a claveles con sangre y el intenso frío que me calaba los huesos–
– Acaso, ¿siempre vas a preguntar lo mismo? –Preguntó la voz que ya conocía perfectamente–
– No.
– ¿Soy bienvenido esta noche?
– No eres bienvenido en mi casa, ni ahora ni nunca, pero quiero escuchar lo que tienes que decirme, luego puedes llevarte tu maldito espejo.
– Lo que debo decirte son solo mis respuestas a tus preguntas, pero debes preguntarme primero para poder responderte, Así funciona una entrevista ¿No?.

En ese momento sentí un escalofrío correrme por la espalda hasta la cabeza, me giré, miré el espejo y miré al hombre que permanecía sentado junto a este, con la pierna derecha cruzada sobre la izquierda de una forma demasiado decente.

– ¿Y qué hay del espejo? –Le dije–.
– No hay nada con el espejo es tuyo si quieres y puedes deshacerte de él si así lo deseas.
– ¿Por qué me lo enviaste?
– Las cosas están donde deben estar –Dijo el joven mientras acariciaba con un dedo el marco del espejo y lo miraba como quien detalla una obra de arte–
– Hoy me dijiste que era tuyo, además dijiste que me lo habían entregado a mí por equivocación.
– Ustedes los humanos tienen términos para ambas cosas, a lo primero le llaman… –Vaciló un poco– obsequio –Al fin atinó a decir– Y a lo segundo ustedes le llaman… mentira ¿no?
– ¿En serio eres el diablo?
– De eso jamás estarás seguro sacerdote. Es posible que yo solo sea el producto de tu imaginación, la locura o una paranoia que empieza a ser evidente, el producto de tu desesperación por hallar respuestas o tal vez esto solo sea un mal sueño. Incluso si pudieras estar seguro de que yo soy el demonio en persona, no podrías estar seguro de que lo que te diga sea realmente cierto. Recuerda que yo soy el diablo y en mí no puedes confiar –Dijo el joven mientras sonriéndome–

Miré con desanimo a mí acompañante mientras me sentaba en la cama, y cruzaba los brazos –Si, es mi gesto inconsciente para protegerme– para preguntar:

– ¿Quiere tomar algo?, no quiero ser grosero.
– No, así está bien. Muchas gracias.
– ¿Sabe?, siempre me imaginé al demonio de alguna forma distinta. No sé, no con cara de niño malcriado…
– ¿Qué? ¿Una serpiente con una manzana? ¿O Vestido con una camisilla y una trusa roja muy ceñidas al cuerpo, con patas de macho cabrío, cachos, cola como la de un toro y una barba puntiaguda y ridícula? – Mientras hablaba el Diablo gesticulaba con las manos y hacía muecas que enfatizaban en lo absurdo de la descripción–
– No –Le dije– así lo hubiera descrito un profesor de primaria de alguna aldea muy alejada de la civilización, en los 90’s. Pero yo pensaba en algo mucho más… demoníaco, algo más tentador que pudiera atraer mucho más la perversión de los seres humanos. O tal vez algún ser mucho más lúgubre, altivo y dominante. Pero, ahora que lo detallo usted parece un joven al que hubieran obligado a vestirse para un evento importante y que lo hubiera hecho a regaña dientes o el empleado de una oficina después de una agotadora jornada.

En efecto el Diablo no aparentaba pasar de los 25 años y no medir más de 1.70 m de estatura, estaba ojeroso, llevaba puesta una camisa beige de manga larga, un saco y un pantalón de color gris, que le quedaban grandes, el nudo de la corbata azul lo llevaba suelto, parecía no haberse afeitado en la mañana y aunque llevaba el cabello corto este lucía despeinado. Sin embargo era la misma persona que me había mirado desde la acera opuesta el viernes pasado. El diablo sonrió por el comentario, se puso de pie y giró sobre sus talones. Una despampanante mujer apareció en su lugar, tenía el cabello dorado, ondulado y brillante, un rostro inocente en el que resaltaban unos azules brillantes, un cuerpo perfectamente curvilíneo, senos perfectos con rosados y delicados pezones, la piel bronceada y desnuda, el culo de forma perfectamente circular y sus genitales perfectamente rasurados de tal forma que parecía haber salido de una película porno.

– ¿Así está mejor? –Me preguntó la chica con voz suave y dulce, mientras se ponía las manos en la cintura y me lanzaba una coqueta sonrisa que dejaba ver su dentadura blanca enmarcada dentro de unos sensuales y carnosos labios–
La miré a los ojos sin responder mientras tragaba saliva –No puedo negarlo, sea como sea, sigo siendo un hombre–
– No, claro que no está mejor –Reprochó riendo irónicamente el Diablo– Tú no quieres a una chica brincando desnuda por todo tu apartamento, eso no está bien para un sacerdote ¿o sí?, además, –Añadió mirando mis pantalones– Creo que sería una conversación bastante incómoda.

Y diciendo esto regresó a su forma original tumbándose de nuevo sobre la silla. Luego añadió:

– Y con respecto a lo del elegante vestido negro y la pose arrogante, si, así me han descrito muchos escritores y directores de películas en los últimos años, tantos que no te imaginas y ya estoy algo aburrido del cliché. Aunque debo reconocer que no me desagrada la idea de  causar un poco de miedo, respeto y admiración entre los seres humanos, pues ese es mi oficio ¿No?
– Ya veo, ¿Cuál es tu verdadera forma entonces? –Le pregunté–
– ¿Alguna vez, te has preguntado cómo es un ángel?
– Todo lo que puedo imaginar, está relacionado con las estatuas infantiles andróginas que hacen los escultores, pero asumo que no es así.
– Y tienes razón, –Espetó el Diablo– Podemos tomar la forma que queramos, pero normalmente tenemos prohibido acercarnos y hablar directamente con ustedes.
– ¿Con nosotros? ¿Te refieres a los humanos?
– Si, si, con ustedes.
– Suenas muy obediente para ser el Diablo, entonces ¿Por qué estás aquí?
– Ya te lo dije,… ¡Soy el diablo! –Dijo en un susurro, mientras sonreía nuevamente–
– Entonces te cambio la pregunta: ¿Por qué me escogiste a mí?
– ¿Escogerte? no seas vanidoso. Tú me invocaste que es diferente.
– También he orado y suplicado por ver a mi Señor, creo que no viene contigo ¿O sí?. Además; deben haber miles de personas que invocan demonios, brujas y apariciones para hacer pactos, conjuros, maleficios y para entregarte su alma a cambio de riqueza poder y otras cosas. No todos pueden verte como yo lo hago ahora –Añadí–

El Diablo lanzó una carcajada tan fuerte que muy de seguro pudo escucharse retumbar por toda la ciudad y tan larga que parecía que alguien lo torturaba haciéndole unas cosquillas desesperantes. Cuando al fin pudo retomar el control, con lágrimas en los ojos y sostenidose el abdomen a causa de su enloquecedora risa dijo:

– A mí no me interesan las almas de los seres humanos, además ustedes no pueden entregarme algo que no les pertenece y ni siquiera logran entender que es; No me atraen sus pactos ya que no tienen nada que puedan ofrecerme. Y si hay una razón por la que te haya visitado precisamente a ti es… Que eres un periodista.
– ¿Y eso que tiene que ver?
– ¿Acaso no te gustaría ser el primer periodista en la historia en poder entrevistar al demonio mismo? ¿Poder ser el único en revelar lo que para todos los demás son simples conjeturas?
– ¿Una entrevista? –Inquirí burlonamente– ¿Eso es lo que quieres? Te imaginaba vanidoso, pero no pensé que algo así te llamase la atención.
– Y normalmente no me llama la atención, pero a veces es divertido jugar con la ética y las absurdas creencias de los seres humanos.
– Si lo que quieres; es una entrevista, creo que no te molestará si tomo papel y lápiz, además de mi grabadora ¿No?.
– Adelante, ponte cómodo. Aunque no creo que vayas a necesitarlas.
– Te entrevistaré como deseas, pero debo advertirte que soy un fiel sirviente de Dios y no lograrás convencerme de nada, –Le dije con tono severo y añadí– luego te marcharás y me dejarás en paz.
– Ay si, Ay si un fiel sirviente de Dios, ñe, ñe, ñe, –Decía el Diablo haciendo muecas burlonas– Puedes estar completamente tranquilo, ya que no intentaré convencerte de nada, no es ese mi deseo; solo hablaremos un poco, ya tendrás bastante tiempo para sacar tus propias conclusiones, querido amigo sacerdote.