jueves, 10 de mayo de 2018

Harry

Llevaba un par de semanas trabajando en la empresa y era el primer fin de semana de mantenimiento que me tocaba. Esa noche, solo estábamos cuatro electromecánicos, nuestro supervisor y los dos vigilantes que permanecían en las casetas delantera y trasera. Las nubes habían cerrado el cielo desde temprano y el aguacero que arreciaba casi no nos dejaba oír lo que hablábamos entre nosotros, al caer sobre el techo del taller. Yo destapaba el motor de una bomba,  uno de mis compañeros esmerilaba unas piezas, mientras los otros dos se apañaban soldando unos soportes y el supervisor leía una revista parándose de vez en cuando para revisar lo que hacíamos. Esa noche noche no habíamos entrado a la fábrica, pues todo el trabajo nos lo habían dejado directamente en el taller. Cada uno de nosotros se encontraba concentrado en sus labores, cuando se presentó un fallo con la energía y un chispazo estalló en uno de los tomas. Revisamos que había pasado y nos dimos cuenta que solo teníamos dos opciones; reparar el daño, lo cual requería de al menos dos de nosotros y dejaría a los demás sin nada que hacer por un rato o tender una extensión hasta el punto más cercano del taller; por lo que el supervisor sin pensarlo, me dijo que fuera a traer la extensión. La dichosa extensión probablemente había quedado en el tercer piso de la fábrica, en el escritorio del operador o conectada al punto más cercano a los evaporadores de vacío; lo que implicaba cruzar el patio en plena lluvia, cosa que no me hizo ninguna gracia. El supervisor fue muy claro en advertirme que si la extensión estaba conectada, antes bajara los Brakes de la energía, pues en ese punto habían ocurrido accidentes antes.

Salí al patio, lo crucé presuroso para no mojarme demasiado y llegué a la reja de la fábrica justo cuando un relámpago cruzó el cielo iluminando todo a mi alrededor. Encendí la linterna, entré y subí las escaleras una a una teniendo cuidado de no resbalarme. Al llegar al escritorio de operaciones, la encontré ahí, enrollada justo encima, pero aún conectada a la toma de la energía. En ese momento recordé que debía bajar el brake antes de desconectarla, pero noté que no llevaba mis guantes. Iluminé con la linterna alrededor para buscar un par, que tal vez se hubieran quedado tirados por ahí, pero tropecé y caí al suelo soltando la linterna, cuya lampara se partió en varios pedazos apagándose de inmediato. Lo más lógico en ese momento, era volver hasta el taller, pedir otra lámpara y un par de guantes, pero entonces tendría que cruzar por el patio varias veces más y mojarme nuevamente, por lo que se me ocurrió que tal vez podría desconectar la extensión así nada más y volver con ella, igual era poco probable que me sucediera algo.

Me agaché nuevamente, para a tientas seguir la extensión hasta el toma corriente, cuando otra lámpara me iluminó desde atrás y una voz joven, masculina y desconocida me preguntó:

- ¿Qué haces ahí?
- Intento desconectar la extensión -Respondí apenado, pues me debía de ver ridículo andando a gatas por el suelo de la fábrica-
- ¿Quién te envió a hacer eso?
- El supervisor de mantenimiento.
- ¿Y te envió solo hasta aquí?, eres nuevo ¿cierto?
- Si -Respondí nuevamente, intuyendo una regañina-

El hombre, al otro lado de la lámpara, al que no había podido verle el rostro se quedó en silencio un par de segundos antes de continuar.

- No debes hacer eso y menos sin guantes, mírate, estás empapado y en ese toma ya se han presentado accidentes antes. Tu supervisor es un irresponsable.
- Si, que pena -Me apresuré a responder- Me enviaron con una lámpara, pero me tropecé y la rompí, además me advirtieron que bajara el brake antes de desconectarla, pero como me quedé sin luz... además, olvidé mis guantes en el taller, que pena, soy nuevo en la empresa...
- Si, tranquilo, no hay problema -Dijo el otro extendiéndome la mano para ayudarme a ponerme de pie- Mucho gusto, mi nombre es Harry.

Me presenté con mi nombre también, pero al darle la mano, noté que estaba helado y supuse que al igual que yo, habría cruzado el patio bajo la lluvia. A pesar de haberse presentado cortesmente, en ningún momento pude ver su rostro, pues la luz de su lámpara me encandelillaba los ojos y me sentía avergonzado por lo de la extensión, así que no se lo hice saber.

El hombre, con la luz de su lámpara me señaló un par de guantes que había encima del escritorio y yo no había notado antes. Los tomé, me los puse y él mismo me iluminó el brake para que pudiera apagarlo. En ese momento me dio curiosidad y le pregunté:

- El supervisor también me dijo que este punto era peligroso ¿Acaso ha pasado algo?
- Si -Me respondió Harry- por alguna razón ese toma siempre ha hecho cortocircuito y nunca han logrado repararlo. De hecho, hace dos años, otro chico como de tu edad murió electrocutado al intentar desconectar de ahí un equipo de soldadura. Lastimosamente no se pudo hacer nada. Desde ese entonces el jefe de producción había dado la orden de que se suprimiera ese punto eléctrico, pero es indispensable para hacer reparaciones.
- Vaya, es una lástima lo del muchacho -Respondí sorprendido- ¿Y por qué no han podido hacer nada para reparar el punto? -Añadí mientras terminaba de desconectar la extensión, no sin algo de desconfianza-
- No se sabe -Dijo Harry- Han intentado de todo, cambiar el toma, revisar las instalaciones eléctricas, pero siempre vuelve a fallar.
- Entiendo.

Una vez tuve la extensión, le dije a Harry que debía volver al taller. Le pregunté si bajaba conmigo, pero me dijo que no, pues debía seguir rondando por la fábrica y me advirtió que tuviera mucho cuidado en las escalas pues estaba oscuro y podía tropezar. Nos despedimos y él se quedó ahí plantado iluminándome el camino hasta donde empezaban las escaleras. Bajé con cuidado, teniendo la precaución de tomarme del pasamanos firmemente. Al llegar al final de las escalas del segundo piso, miré hacia arriba, pero ya no vi el destello de la lámpara de Harry.

Bajé al primer piso y entre las tinieblas crucé nuevamente la fábrica, salí por la reja y crucé el patio donde aún llovía. Al llegar con mis compañeros, el supervisor me preguntó por qué había tardado tanto, por lo que apenado les conté la historia, ellos me escuchaban e iban poniéndose pálidos mientras me miraban con los ojos abiertos sin parpadear.

- Imposible -Exclamó de pronto uno de mis compañeros con una sonrisa nerviosa- Te estás burlando de nosotros.
- ¿Por qué? -Pregunté yo sin entender-
- Porque en toda la empresa estamos solo nosotros, además de los dos vigilantes que nunca entran a la fábrica -Respondió haciendo una lúgubre pausa el supervisor- y Harry, se llamaba el chico que murió electrocutado hace dos años.

Mayo de 2018.



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