domingo, 22 de marzo de 2015

El misterio de Aguas Verdes Capítulo VIII


El rugido se oyó una vez más, mucho más fuerte y más cerca de lo que lo habían podido oír antes, el sargento al ver la enorme sombra intentó gritar para avisar a sus compañeros que miraban desprevenidos hacia abajo esperando sus indicaciones. En segundos, Castro que intentó reaccionar se vio impotente ante las garras de la bestia y perdió el control de su M60 cuyas balas atravesaron a Carlos que corría tratando de huir por la quebrada. López y Estrada dispararon inútilmente, Vélez también intentó reaccionar pero todo fue en vano, dos zarpazos de la criatura y todo había acabado. Ahora las balas de Ríos y los otros silbaban por el aire y chocaban con las paredes tratando de seguir a la criatura que saltaba de una roca a otra a una velocidad absurda. De repente los disparos cesaron, el monstruo los miraba desde lo más alto con el cuerpo inerte y destrozado del otro chico entre sus garras mientras una sustancia amarillenta y babosa goteaba de su hocico y los cuerpos desgarrados sin vida de Castro y Vélez caían a los pies de Ríos, López y Estrada.

La bestia efectivamente parecía un simio enorme de unos tres metros de alto. La piel de un malsano tono azuloso era tosca y arrugada cubierta por una gruesa melena blanca sucia sobre los hombros, la parte alta de los brazos y la espalda; el resto de su cuerpo era completamente pelado. La cabeza blanca y calva llena de manchas negras, tenía la piel muy apretada, casi como si solo recubriera el cráneo sin carne, su hocico era alargado hacia abajo y rematado con una boca llena de dientes y colmillos curtidos y disparejos; de la boca y fosas nasales estaba constantemente goteando aquel desagradable liquido viscoso y amarillento. Los ojos  eran color ocre, similares a los ojos de un perro y las simiescas extremidades delanteras estaban rematadas en unas gruesas y sucias garras; pero lo peor era ese desagradable olor a amoniaco que se sentía desde lejos. La criatura era fuerte, más de lo que esperaban Ríos y sus hombres, pero si se tenía en cuenta su tamaño no era nada sorprendente; sin embargo, la velocidad a la que se movía era algo increíble.

Ríos se quedó mirando a la bestia los ojos, mientras esta con total tranquilidad graznaba complacida y desmembraba el cuerpo del chico que hasta hacía unos minutos guiaba a Vélez y a Castro. El sargento pensó en disparar una vez más pero sus manos no le respondían, parecía que había perdido el control de su cuerpo a causa del terror. De repente sintió un fuerte empujón; eran Estrada y López que tiraban de él para alejarse corriendo mientras la bestia estaba distraída. El monstruo lanzó un nuevo rugido al aire que retumbó por todas partes y los tres policías corrieron por la quebrada entre tropezones y resbalones con las fuerzas que les quedaban, Ríos avanzaba como un autómata con el corazón en la mano sin saber bien que hacer, pensaba alternadamente en su hijo malcriado, en su esposa, en el novato, en Pastrana, en Castro y en Vélez que estaban muertos por su culpa. Mientras detrás de ellos se oían los crujidos de las ramas y los saltos de la criatura por el bosque que los iba siguiendo.

"Margarita" susurró el sargento mientras pasaban el punto en el que habían tenido que desviarse, cuando de repente la criatura se cruzó frente a ellos, estaba a escasos metros de distancia. Ríos y Estrada fueron los primeros en reaccionar mientras López cargaba de nuevo su escopeta, pero el monstruo evadió sus balas y los saltó, con un fuerte zarpazo desgarró la espalda de Estrada que en un gemido corto cayó tendido al suelo y con otro zarpazo mandó por los aires a López que cayó atravesado en una estaca. Ríos giró y al tener a la bestia frente a frente disparó una nueva ráfaga que la hizo retroceder un par de pasos, pero de nuevo retomó con impulso y con un nuevo ataque de sus garras destrozó el brazo izquierdo del sargento que intentaba cubrirse. El policía que se creyó perdido echo mano al revólver como última opción y disparó toda su carga mientras caía sentado en el agua, pero de nuevo la criatura saltaba y daba alaridos de un lado a otro mientras se perdía entre los matorrales.

Era evidente que no todos los disparos habían fallado, en los últimos movimientos Ríos pudo notar como algunas perforaciones en la piel de la bestia supuraban una tinta rojiza mezclada con aquel moco amarillento, mientras advertía que la velocidad y la fuerza del monstruo habían disminuido considerablemente, aunque aún así seguían siendo descomunales. En ese momento recordó al flaco Pastrana, "De seguro también le diste, no fallaste después de todo", suspiró como una oración mientras estaba a punto de rendirse. Ríos estaba agotado y mal herido, su brazo estaba completamente destrozado y a su lado Estrada yacía de bruces en un charco de sangre que se diluía en la corriente, de repente oyó un débil llamado, era la voz de López que se quejaba a unos metros; se incorporó como pudo y al acercarse cayó de rodillas a su lado.

La herida de López era grave, la estaca le había atravesado de atrás hacía adelante por el abdomen y asomaba medio metro por fuera, mientras la sangre manaba a borbotones de su vientre. Ríos no tenía idea de como podría sacarle de ahí por lo que seguramente  no sobreviviría por mucho tiempo.

– No siento las putas piernas sargento –Dijo López apretando el ceño– creo que me jodí la espalda  Aspiró con dificultad y luego continuó  ¿Todos están...
– Creo que si... –Interrumpió Ríos por lo bajo– 
– La cagamos viniendo a esto sargento, la cagamos mal...
– Tranquilo López, de esta salimos se lo aseguro... creo que le atiné un par de tiros a esa cosa y...
– De seguro más de un par –Interrumpió López con esfuerzo– Seguro que todos le dimos, pero la verdad nos jodió, ya ni siquiera soy capaz de silbar mi canción...
– Tranquilo López, igual, nunca me gustó mucho tu canción...

En la boca de López se dibujó una leve sonrisa que se transformó rápido en una mueca de dolor, Ríos al ver que su compañero se iba, solo atinó a empezar con las palabras de aliento.

– No te preocupes Reynaldo, manten los ojos abiertos, todo va a salir bien, ten fuerza y aguanta, vamos a salir de acá te lo prometo. No sé bien cómo, pero vamos a salir de acá.
– Mi sargento, no diga idioteces... mejor tome...

El sargento tomó lo que le pasaba la mano temblorosa y ensangrentada de López que se quedaba con la boca abierta y los ojos fijos en el cielo; al mirar lo que era dudó un momento, pero reaccionó y rápidamente supo lo que tenía que hacer. Atrás suyo oyó el rugir de la bestia que embestía de nuevo y el crujir de las ramas bajos sus saltos, Ríos sintió la adrenalina aumentar en su cuerpo, inmediatamente retiró la espoleta con los dientes y se giró para lanzar la granada, pero lo único que vio mientras gritaba furioso, fueron esos horribles ojos amarillos y la zarpa que se movía de arriba a abajo para impactarle una vez más.

Epílogo


En el cielo se podía oír el sonido de las hélices de un aperezado helicóptero del ejército que sobrevolaba las montañas y se acercaba a Aguas Verdes. Entre tanto, un vehículo nuevo identificado como de la policía, se abría paso hasta donde podía por la embarrada entrada de la finca del señor Correa. Al bajar, el oficial maldijo por haber ensuciado sus zapatos y se acercó rápidamente a la casa, tratando de esquivar charcos y huecos aquí y allá. Al asomar a la puerta de la entrada, una mujer de mala facha lo recibió con un saludo indiferente y lo guió hasta uno de los balcones con vista hacia las profundas gargantas de la montaña. Una lejana explosión que retumbó en el bosque y a través de las montañas lo hizo erizar de pies a cabeza, mientras el señor Correa que lucía preocupado, con el mentón recostado sobre el dorso de las manos en una mesa de madera lo recibió sin pararse, los dos hombres se quedaron en silencio por unos instantes hasta que Correa, después de un suspiro profundo dijo:

– Buenas tardes Medina, por su tranquilidad y por la mía, espero que todo haya salido bien.


4 comentarios:

  1. :O qué gran final pero qué pena de valientes héroes que lo dieron todo en el campo de batalla...
    La descripción de la bestia ha sido genial, me ha sobrecogido :S
    He disfrutado mucho leyendo tu historia, de lo más interesante y amena :) :)
    Un saludo!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿final? ¿segura? no sé, no sé... ;)

      Muchas gracias por tus comentarios dama, me alegra que te haya gustado. Un abrazo.

      Eliminar
  2. ¡Wow! ¡Qué bestia! Me has dejado boquiabierta... Aghssss... >_<

    Qué gran capítulo, de una tensión que se podía sentir. Me ha dado mucha pena que haya acabado con todos, y de qué manera... (te has quedado agusto, ¿eh? XD jejeje) Un gran trabajo Andrés. Lo que, ahora me dejas con más dudas que al principio... ¿Habrá matado a la bestia? ¿O volverá? ¿Y el ejército qué? ¿No ha visto nada? Joooo

    Bueno Andrés, seguiré atenta a tus historias que prometen de lo lindo ;)

    ¡Un abrazote! ^^

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Carmen, me alegra que te haya gustado. Si, da pena que hayan terminado así, pero ¿de qué otra forma podían terminar? XD, digamos que se veía venir... lo de tus dudas, esteeeee... lo mismo me sigo preguntando yo, pero por ahora, si, este es el ¿final?

      Un abrazo enorme Carmen y muchas gracias por seguir la historia y todos tus buenos comentarios.

      Eliminar