domingo, 9 de agosto de 2015

Viernes 13 de Agosto de 2010

Viernes 13 de agosto de 2010.

He regresado de Haití; aquel viaje realizado por motivos que ya considero más un empleo cualquiera, un empleo triste y agotador que no deja satisfacción a mi ser y que se ha convertido en una carga muy pesada de llevar; casi tan pesada como la cruz que debió cargar el hijo de Dios al que he dedicado toda mi vida. Ese hijo de Dios según lo que he promulgado por años en eucaristías y textos; que me han hecho tan famoso como sacerdote, consejero, columnista y periodista; pero de los cuales he tenido tantas dudas sobre todo en los últimos meses. Ahora me siento como si despertara de una pesadilla que ha durado demasiado.

Al llegar bajé del taxi, mientras Raúl bajaba las maletas crucé el corredor de la casa que conduce a los otros apartamentos. Al girar la llave en mi cerradura, chirrió con un ruido desagradable, indicador de que tengo que aceitarla… pero ya será después… Mi apartamento no consiste en más que una habitación sencilla, con cocina y baño, en el centro de la ciudad. Al entrar lo primero que encontré fue el mesón de la cocina lleno de polvo tal y como lo esperaba…

Raúl, quien me recibió en el aeropuerto seguramente notó mi expresión cansada y malhumorada; por lo que se limitó a dejar las maletas en la entrada del apartamento, retrocedió dos pasos hasta quedar fuera de la puerta, inclinó levemente la cabeza, y me estiró su mano para despedirse argumentando el tener que hacer trabajos de la universidad. Cuando le he invitado a tomar un café, se limitó a señalarme el mesón y a decirme que prefería en otra ocasión.
Pero es cierto, ya no soy una compañía agradable; ningún joven estudiante tiene un trabajo importante que hacer un viernes en la tarde, menos cuando el lunes es festivo y son los primeros días de clase…Claro que debo ser sincero conmigo mismo, si yo tuviera esa edad tampoco me quedaría a tomar café y a hablar el resto de la tarde con un sacerdote huraño y retraído que además duda de su propia religión, por más catequista que uno sea.

¿Qué más da el puto mesón?, eso será para después… Entré al baño y encendí la luz, me miré en el espejo, abrí la llave del agua que empezó a caer lenta pero de forma constante, era raro mirarla desperdiciarse. Metí las manos y me refregué la cara y la cabeza queriendo arrancarme la piel, como si haciendo esto pudiera arrancar también de mi cabeza el oscuro y frío recuerdo del hambre, la miseria, el caos, la muerte y todos los horrores vistos.

Me sequé la cara con la primera toalla que encontré, que seguro llevaba ahí colgada más de seis meses. Me quité esa camisa de manga larga que me sofocaba a más no poder y la tiré en cualquier rincón por ahí. Ahora estoy en mi dormitorio que me sirve también como estudio de redacción.

Me tiré un rato en la cama con la sucia toalla envuelta en el cuello, tanteando desesperado con la mano la camisa tirada en el suelo y buscando en el bolsillo la media cajetilla de cigarrillos y el encendedor que todavía me acompañan, los mismos que saqué de la maleta inmediatamente al bajar del avión. He estado fumando nuevamente mientras me repito a mí mismo “este será uno de los últimos” tal y como lo he hecho en los últimos tres años. No fue nada más que aspirar la primera bocanada de humo y de inmediato me atacó esa tos seca, que ya no me preocupa.

Ojala tuviera un perro… Aunque si tuviera uno ¿Con quién diablos lo hubiera dejado todo este tiempo? ¿Raúl?, ya sería mucho abusar de la colaboración del pobre chico, además el apartamento es muy pequeño y no tengo espacio ni para un canario, sin embargo si tuviera un perro tendría a alguien que me escuchara, sin preguntar, sin interrumpir, sin refutar, sin juzgarme, sin cuestionar mis ideas ni mis dudas… yo solo quiero que me escuchen, no que me lean.

Señor, ¿Estás ahí? a veces siento que solo me acompaña mi soledad y que el único que me escucha es el silencio… Creo que debo confesarme pronto… ya que estoy blasfemando demasiado. Voy a dormir un poco, tengo los ojos llenos de lágrimas y me siento tan débil que se me ha caído el patético cigarrillo en el suelo al lado de la cama.

2 comentarios:

  1. Bueno, pues aquí estoy de nuevo, esta vez para leer tu "ópera prima" como tú mismo la definiste. Y tengo que decir que el comienzo es espectacular. Has clavado la desazón del hombre, su apatía hacia la religión que predica, su dolor, su soledad...

    Sin duda, creo que me va a gustar ^^ Lo que, ¿es como si fuera un diario, no? Así parece incluso más real jejeje

    Voy a por otro ;) ¡Hasta ahora!

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    1. Hola, bienvenida de nuevo Carmen, vamos a ver, vamos a ver, espero que te guste ya que fue lo primero que escribí hace como 5 años.

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