jueves, 26 de febrero de 2015

Última misión



No puedo evitar derramar lágrimas mientras pienso que infinito es todo esto, ahora me parece oír el sonido de un último violín de despedida, solo quisiera dormir antes de que llegue el final. No sé cuánto voy a aguantar o por cuánto tiempo más mantendré la cordura, pero aún puedo recordarme al tomar los controles; suspiré profundamente convencido de que iba a hacer todo bien. Los cuatro pilotos que despegamos esta mañana nos despedimos los unos de los otros entre gestos de confianza y orgullo, estábamos completamente seguros de lo que haríamos llegado el momento.

Nuestra misión no era fácil, pero la instrucción era sencilla; debíamos pilotar con nuestras cargas explosivas directo al centro de ese maldito meteoro, todos en una sincronía perfecta que no podía fallar. Tengo en mi cabeza todas las instrucciones recibidas, cada detalle y las explicaciones de por qué debían ser pilotos humanos quienes condujeran las naves. Durante meses repetimos una y otra vez los mismos ejercicios y maniobras. Durante meses fuimos entrenados de la forma más estricta que nadie pueda imaginar, fuimos preparados para la tarea que no podía hacer nadie más, aunque nunca fuimos obligados, todos éramos voluntarios en nuestro último trabajo.

Aún puedo recordar la noticia cuando anunciaron que el cometa se acercaba a la tierra, aún recuerdo la alarma mundial, el pánico y el caos; recuerdo claramente haber visto las noticias día a día, cada informe y cada reporte de los científicos buscando una esperanza para lo que parecía inevitable. También puedo recordar el anuncio de la tan anhelada solución, las convocatorias, los exámenes y el duro entrenamiento físico y mental. Todavía recuerdo el momento en el que fuimos elegidos, los homenajes, las aclamaciones, la euforia mundial y la vanidad que sentí al ser reconocido como un héroe, un héroe suicida que daría su vida por la tierra. En mi cabeza rebotan los recuerdos de la despedida con los míos, aquella última cena, las lágrimas, el orgullo, la tristeza, las palabras de aliento, la profunda crisis emocional y esa sensación de que todo lo hacía por ellos.

Pero al final he sucumbido ante el egoísmo y el miedo. Sin el valor para morir solo y sin dejar de sentirme culpable, he desviado mi trayectoria en el último instante.

Febrero, 2015.

14 comentarios:

  1. Tremendo Andrés. Ese final inesperadísimo! Me encanta. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Ana Lía, me alegra mucho que te haya gustado, créeme que tu comentario es muy motivador para mí. Abrazo de vuelta.

      Eliminar
  2. Genial el final. Andrés.
    Me ha encantado.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Muchas gracias Lucía por tu comentario. Un abrazo igual.

    ResponderEliminar
  4. Buenísimo, Andrés. Me gustó mucho. Un gran final inesperado.
    Abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Federico por tu comentario, me alegra que te haya gustado. Un abrazo igual.

      Eliminar
  5. ¡Que final! El egoísmo humano, un sentimiento tan fuerte que destroza vidas, y en este caso, muchas. Muy bueno. Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una pizca de egoísmo, un tris de miedo, un poco de irresponsabilidad y cualquier cosa puede suceder. Muchas gracias María.

      Eliminar
  6. ¡Wow! ¡Increíble cómo nos has dejado con ese final! ¡¡Me ha gustado muchísimo!!
    Comparto :)
    ¡¡Un abrazo!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Oh muchas gracias Carmen, es un gran halago viniendo de vos, un abrazo grande también!!

      Eliminar
  7. Wow, vaya final, no me lo esperaba, y me ha dejado una sensación extraña en el cuerpo. Muy pero que muy bueno, sí señor. Un gran relato. Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Ricardo, me alegra que te haya gustado. Saludo de vuelta.

      Eliminar
  8. Saludos, buen relato. Qué duro final. Muy triste, para pensar. Éxitos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Mery, por tu comentario. Éxitos para vos también.

      Eliminar