martes, 11 de agosto de 2015

Domingo 15 de Agosto de 2010, Ya de noche.

Domingo 15 de Agosto de 2010, Ya de noche.

Fui a almorzar en un restaurante de mala estampa que queda a tres cuadras de aquí, al llegar sentí que perdía el apetito con solo mirar en las vitrinas junto a la caja, así que decidí pedir solo una torta de maíz, una carne para hamburguesa y una avena para tomar, me senté solo en una mesa en un rincón, mientras veía como un tipejo mal vestido y maloliente pasaba de mesa en mesa pidiéndole a los comensales que le invitaran algo con que llenar su estómago, en seguida el dueño del sitio y la mujer que hacía las veces de mesera lo echaron del lugar, a lo que el individuo respondió con una mueca de pena que no pude soportar. Llamé a la mesera pidiéndole otro igual mientras le señalaba mi propio plato y le hice una seña al individuo para que se sentara a mi lado, a lo que la mesera respondió:

– Que pena señor, pero solo puedo dárselo para llevar, a él no lo dejan sentar aquí, usted entenderá…
– ¿Por qué? – Le pregunté mientras sentía que se me retorcía el estómago–
– Son órdenes del dueño. Es para evitar que molesten a los clientes – Añadió– Usted sabe, luego están todo el tiempo pidiendo y… 

La mujer haciendo un gesto de mala gana trajo la orden y se lo entregó al vago mientras alcancé a escuchar que le decía en voz baja: “aquí tienes, ¡ahora largo!” y luego me entregó de mala forma la nueva cuenta. Apenas fui capaz de mirar al hombre al que se le iluminaba el rostro y trataba de expresar de cualquier modo sus agradecimientos desde lejos, mientras yo me moría de vergüenza al no hacer nada más por el pobre infeliz. Comí como pude lo que me habían servido a pesar de la falta de apetito y me sentí aún peor cuando me acerqué a pagar y vi la incoherencia más grande, un cuadro en la pared junto a la caja. Una mala replica adornada con luces de La última cena de Da Vinci.
Después de almorzar y mientras regresaba a casa sin sacarme de la cabeza a aquel andrajoso mendigo, vi una figura que se me hizo muy conocida; era el joven de la chaqueta vino tinto, que se encontraba parado en una esquina, al parecer esperando a alguien. Al detallarlo noté que este también me estaba mirando, era a mí a quién esperaba. Iba bien vestido, ridículamente bien vestido y llevaba en la mano izquierda un llavero cuyo tintineo causaba un eco hipnótico que sonaba por toda la calle.

– ¡Hey!, joven –Exclamé–

El joven se limitó a saludarme con un gesto de mano mientras me sonreía. Crucé la calle sin fijarme, razón por la que casi me atropella un auto, del cual el conductor me gritó algo ininteligible mientras volvía a encender la marcha. El joven se limitó a extenderle su mano derecha y a decir:

–Sí padre ¿En qué puedo ayudarle? 
Yo, sin recobrarme del susto, traté de tomar aire para decirle:
– Necesito preguntarle… –Y sin saber que inventar, sólo atiné a decir– ¿Usted me ha estado buscando?
– Ah, ¿Es solo eso? –Dijo el joven en tono burlón–
– Si, es solo eso…
– Todo a su debido tiempo, Padre.
– ¿Cómo así, qué quiere decir?
– Si, si quiere podemos vernos esta noche.
– ¿En dónde? ¿Quién es usted?
– ¿Otra vez la misma pregunta padre?
– ¿Cuál misma pregunta? ¿De qué habla?

El joven haciendo caso omiso de mis preguntas se limitó a decirme:

– Si quiere puedo pasar por su apartamento, yo también quiero hablar con usted, creo que le han entregado algo que es mío, tal vez por equivocación, tal vez no.

– ¿El espejo?
– Si, el espejo –Dijo el joven con una mirada siniestra–
– Pero en los papeles decía, decía que era para mí –Le respondí confundido–
– Un pequeño detalle que le explicare más tarde.
– No entiendo.
– Ya le dije, que se lo explicaré más tarde. Todo a su debido tiempo 

Y mientras decía esto sus ojos me miraron tan fijamente que sentí que me estudiaba por dentro. Me quedé inmóvil mientras el hombre se alejaba lentamente por la acera, jugueteando con las llaves. Cuando caí en cuenta de nuevo, ya había doblado la otra esquina. No había nadie en esa calle, nadie que pudiera confirmarme haber visto también a aquel tipo de traje blanco, ahora dudo de que haya ocurrido en realidad, pero lo verdaderamente aterrador es que podría jurar que su voz, es la misma voz que escuché en sueños anoche.

Ahora estoy aquí sin terminar de entender lo que pasa, aunque algo es seguro; no tengo miedo, sólo una desesperante curiosidad. No he comido bocado desde el almuerzo y ya me he terminado los ocho cigarrillos que me quedaban de mi última cajetilla. Son las diez en punto de la noche y… estoy escuchando como mueven tras de mí la silla del escritorio.




2 comentarios:

  1. Y regresó el tipo del traje... Mmm... No sé si realmente será quién yo creo. Ahora me he despistado un poco jeje (qué malo XD) Y además ha salido de nuevo el espejo... Mmm.. qué interesante. Ya tengo ganas de saber qué le dirá cuando le vea!! AUnque no me haré ilusiones, que este hombre es capaz de ponerse a escribir del tiempo y dejarme con las ganas jejeje

    Pero eso ya será otro día, que mañana es lunes (noooooo T-T) y toca madrugar... ¡Un abrazote! Me lo he pasado muy bien por aquí ^^ ¡Que tengas un buen inicio de semana! :D Besooos

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    1. Besos para vos también Carmen, que agradable visita y que agradable haberle hecho seguimiento, lástima que te vayas justo ahora...

      ;)

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