lunes, 14 de noviembre de 2016

La casa del terror

Felipe había esperado ese momento toda la semana, la feria se iría en un par de días más, pero por fin había llegado la noche para ir con Diana a disfrutar de las atracciones, especialmente de la casa del terror. Él sabía que su novia se asustaba con facilidad; por eso disfrutaba poniéndose máscaras aterradoras y apareciéndosele por cualquier rincón de repente, le divertía rentar películas de terror para luego convencerla de verlas juntos cuando se quedaba en su casa los fines de semana y gozaba poniendo bichos de goma sobre la cara de Diana, mientras esta descansaba la siesta tranquilamente en el sofá de la sala. Pero esa noche sería especial.

Al entrar por el oscuro pasillo, Diana ya iba agarrada fuertemente a la chaqueta de Felipe y con cada ruido o cada horrible maniquí que aparecía, dejaba escapar un gemido o un grito ahogado, apretando los ojos para no mirar. Sin embargo, Felipe no estaba satisfecho, pues había algo en el miedo de Diana que no lo complacía por completo. Él esperaba mucho más, mientras fingía consolarla y le decía palabras tranquilizadoras al oído. Él quería lágrimas, quería pánico y quería sentirla temblar, pero la tan esperada casa del terror había resultado decepcionante.

Continuaron su recorrido con la frustración de Felipe marcada en el gesto y los escasos respingos de la chica, cuando apareció un sujeto con una sencilla máscara de tela blanca portando un hacha en la mano derecha. Inicialmente a Felipe no le emocionó demasiado, pues se trataba al parecer de un chico de su misma edad y bastante mal disfrazado; pero al ver la reacción de su novia, Felipe se animó por un momento creyendo que por fin vería el rostro de ella desdibujarse en una mueca de terror y oiría el desgarrador grito que había estado esperando toda la noche. Sin embargo, las cosas se pusieron extrañas, la sonrisa dibujada en el rostro de Diana que le soltaba la mano, lo sorprendió por completo y su desconcierto fue aún mayor cuando sintió el golpe seco del arma del encapuchado que se clavaba en su torso, con ese sonido pegajoso de los huesos rompiéndose y del metal afilado abriéndose paso a través de sus vísceras.

En un parpadear, Felipe cayó tendido al suelo en un charco de sangre sin poder respirar y sin entender bien, porque Diana ahora abrazaba y besaba al desconocido que se había quitado la máscara, mientras juntos le daban la espalda para marcharse caminando tranquilamente hacia la luz que indicaba la salida del pasillo, de aquella casa del terror.


4 comentarios:

  1. D:! guao!
    Le pasa a Felipe por Asustón! mira que ponerse a molestar con bichos de goma o asustándola de repente. Yo habría hecho exactamente lo mismo que Diana. A ver si aprende de una buena vez para su próxima vida.

    Me gustó mucho el texto, fui una lectora seudoactiva y me fui indignando en cada palabra que mostrabas que el quería mas miedo de su novia. Mira nada más ¬¬

    Muy buen texto Andrés. :3

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ay, pero que agresiva sos. Con gente de mal genio no se puede bromear... :(

      Eliminar
  2. La visita a la casa del terror no decepcionó en absoluto en esta ocasión, solo que no de la manera esperada ni para la persona indicada. Qué buena actriz había sido Diana todo ese tiempo...

    ¡Buen micro, Andrés!

    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Julia, que agradable tenerte de nuevo de visita por mi pequeño rincón. Un abrazo enorme para tí.

      Eliminar